Tras la política

Al fondo, Alfredo Pérez Rubalcaba y su homólogo marroquí (AP / Daniel Ochoa de Olza)

Al fondo, Alfredo Pérez Rubalcaba y su homólogo marroquí (AP / Daniel Ochoa de Olza)


Era también noviembre. Corría el año 1975.

Jaime de Piniés estaba trabajando en su oficina [...] cuando sonó el teléfono. Eran las nueve de la noche del 11 de noviembre y hacía ya tiempo que el personal de la Embajada se había marchado. [...] El embajador descolgó. Al otro lado del hilo, Kurt Waldheim le pidió que fuera a verle. De Piniés subió a su coche y 15 minutos más tarde llegó al despacho del secretario general, en el piso 38 del edificio de Naciones Unidas. Waldheim fue directo al grano:

- Puesto que ya no resistís la presión y queréis marcharos del Sáhara, yo me haré cargo del territorio y lo llevaré a la autodeterminación. Sólo necesito que me dejéis provisionalmente un contingente militar de 10.000 legionarios a los que colocaríamos bajo bandera de la ONU.

Al español le pareció una idea magnífica. El secretario general le advirtió:

- Debemos evitar que el plan llegue a oídos del Gobierno marroquí, porque lo boicotearía, como ha hecho con otros anteriores.

El día 13, Waldheim entregó al embajador un documento, escrito en francés, en el que se detallaba su estrategia. Decía que España anunciaría su retirada del Sáhara en una fecha por determinar. La ONU asumiría entonces la administración del territorio por un período de seis meses. [...] Ese mismo día, De Piniés transmitió el documento al Ministerio de Asuntos Exteriores con carácter urgente. Pero el Gobierno no le prestó atención.”

Tomás Bárbulo. La historia prohibida del Sáhara Español

Muchos noviembres después, la descolonización del Sáhara sigue protagonizando las llamadas telefónicas entre los altos cargos del Gobierno español. El violento desalojo de un campamento a las afueras de El Aaiún por parte de Marruecos ha vuelto a poner en evidencia la responsabilidad histórica de España con el pueblo saharaui. Y si a esto le sumamos el fallecimiento de un ciudadano español y la expulsión de los medios de comunicación, puede acabar formándose ‘la tormenta perfecta’. Esta semana leíamos que en el Partido Socialista hay inquietud por el descrédito que le puede acarrear una posición tibia con respecto al Sáhara, y mucho más tras el comienzo de una remontada preelectoral que se había iniciado con el último cambio de Gobierno. Se impone una fotografía, una instantánea de los actores políticos españoles implicados en esta crisis.

    • Trinidad Jiménez. Sólo hace tres semanas que Jiménez fue nombrada ministra de Asuntos Exteriores, pero… ¿alguien recuerda ya su buena gestión como ministra de Sanidad? La política ha heredado el traje de Moratinos en un momento muy complicado, de equilibrios diplomáticos finísimos, y ya ha comenzado a recibir un trato de la oposición completamente diferente al que recibía.
  • Este mes de noviembre, con el Sáhara presente en los titulares, escuchamos hablar de los medios de comunicación, de que el Gobierno está “secuestrado moralmente por Marruecos” y de conservar la amistad del país vecino en pos de una buena relación estratégica. Pero de los saharauis nadie se ocupa. Ni el partido que desatendió sus peticiones durante ocho años de Gobierno… ni el presidente que prometió avances en su situación en los seis primeros meses de mandato. ¿Habrá en 2010 algún Jaime de Piniés, trabajando en algún despacho, esperando a que suene su teléfono?


    Leire Pajín promete su cargo de ministra de Sanidad (AP / Sergio Pérez)

    Leire Pajín promete su cargo de ministra de Sanidad, Políticas Sociales e Igualdad (AP / Sergio Pérez)



    Trinidad Jiménez ha dejado su cargo de ministra de Sanidad con una valoración unánime: ha realizado un buen trabajo. Lo ha dicho la oposición, lo han dicho los colectivos sanitarios y lo dicen los ciudadanos a través de las encuestas. Pero, ¿cuál ha sido su trabajo? ¿Cuál es la tarea que aguarda a su sucesora, Leire Pajín, en el nuevamente remodelado Ministerio de Sanidad, Políticas Sociales e Igualdad? La ministra se ha encontrado al llegar al despacho [además de unas afirmaciones machistas no suficientemente desautorizadas] una tarea básica que, en el último año y medio, ha supuesto buena parte del éxito de su antecesora: concertar la política sanitaria del Gobierno con las comunidades autónomas.

    Si el año 2009 fue el de la lucha contra la Gripe A, 2010 está siendo para los profesionales sanitarios… el de la lucha contra el déficit. En lo que va de año, el Gobierno ha decretado dos importantes paquetes de medidas para intentar frenar el gasto farmacéutico: el primero, en marzo, de 1.500 millones de euros; el segundo, en mayo, y coincidiendo con el giro en la política económica del Ejecutivo, de otros 1.300 millones de euros. Y los dos con el consenso de los Consejeros de Sanidad de las comunidades autónomas… Y los dos parecen estar dando ya sus frutos: la factura farmacéutica comienza a reducirse. Fernando Villoria, Director General de Ordenación, Inspección y Atención Sanitaria del Gobierno de Cantabria, ha conversado con Periodismo Humano.


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    Las estadísticas del ministerio de Sanidad indican que, en junio de 2010, el gasto farmacéutico en España fue un 3 por ciento más bajo que en junio de 2009. ¿A qué se debe esa reducción? Básicamente, las medidas adoptadas por todas las partes en el Consejo Interterritorial de Salud buscan impulsar el consumo de medicamentos genéricos y centralizar las compras de fármacos para racionalizar el gasto. Según datos ofrecidos por la Consejería andaluza de Salud, “el sistema sanitario andaluz, en los últimos cinco meses -entre abril y agosto de 2010- está reduciendo su factura farmacéutica en más de 300.000 euros al día”. Y sin embargo, el gran recorte todavía está por llegar. Nos lo recordaba Antoni Gilabert, el Gerente de Atención Farmacéutica del Departament de Salut de Cataluña.


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    Esta reducción no habría sido posible sin la contribución de las autonomías. Son los servicios autonómicos de salud los que gestionan el día a día del gasto sanitario. Durante sus entrevistas con Periodismo Humano, estos responsables sanitarios alaban el papel del Ministerio de Sanidad como árbitro de las negociaciones, y esto a pesar de que las competencias están cedidas a las comunidades en su práctica totalidad. Pero queda mucho por hacer. El impulso a los genéricos está encontrando escollos en algunos territorios, por ejemplo en Galicia, y buena parte de los consejeros autonómicos no dejan de repetir que las medidas adoptadas han de ser sólo un comienzo. Todo esto forma parte de la tarea que espera a Leire Pajín: algo así como ser la árbitra -así lo recoge la RAE- de un partido crucial, a la que se le reconocerá el buen hacer… cuando pase desapercibida.


    Aguirre, Rajoy y Gallardón celebran su victoria en 2007 (AP / Daniel Ochoa de Olza)



    Parece que ha pasado mucho tiempo desde el 27 de mayo de 2007, pero sólo han transcurrido tres años y medio. Ese domingo de finales de primavera, mucho antes de que nos azotaran la crisis económica o la Gripe A, Mariano Rajoy se asomó al balcón de la calle Génova para celebrar su primera victoria electoral a nivel nacional como líder del Partido Popular. Ganó a Rodríguez Zapatero por 156.000 votos, se declaró preparado para recuperar el Palacio de la Moncloa en 2008, y aquella noche alzó las manos de sus dos baluartes, de dos vencedores hasta ahora imbatibles en Madrid: Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón. En el Partido Socialista faltaban sólo unos días para la dimisión de los perdedores.

    La elaboración de las listas del PP para las generales de 2008, que la derecha perdió, ha dejado claro que la batalla por la capital no es ya un asunto local o autonómico. El número 7 de la Puerta del Sol se ha convertido en un verdadero centro de poder nacional. La presidenta Aguirre presionó a Rajoy para que el alcalde Gallardón no tuviese un escaño en el Congreso, y han sido las desavenencias entre las facciones que ambos lideran las que han hecho tambalearse los cimientos del partido. Para Ferraz, perder Madrid sistemáticamente desde 1991 se ha convertido en una rémora: es el único feudo socialista de los ochenta que el PSOE no ha conseguido recuperar en las urnas, y las derrotas encadenadas -que también cosechan en las generales- le impiden contar con mayorías holgadas en el Parlamento.

    En mayo de 2011, los madrileños tienen una nueva cita con las urnas. El Partido Popular volverá a apostar por Aguirre y Gallardón, mientras que el Partido Socialista aún no sabe por quién tiene que hacerlo. Frente al Secretario General del PSM, Tomás Gómez, el presidente Zapatero ha lanzado la candidatura de una estrecha colaboradora que siempre ha acudido a su llamada: la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez. Desde hace semanas, los dos precandidatos protagonizan cruces de declaraciones en los medios de comunicación con un alto calado político: que si tú eres la candidata del aparato, que si tú eres el candidato de la derecha, que si te han puesto a dedo, que si no despegas en las encuestas…


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    Partiendo de estos hechos, el asunto puede analizarse desde dos perspectivas: la electoral y la verdaderamente importante. Desde el punto de vista electoral, el PSOE llega a las urnas con un historial dramático. Desde la desaparición de la escena madrileña de Joaquín Leguina y Juan Barranco [ex presidente y ex alcalde], los socialistas no han superado el umbral del 40 por ciento de votos. De hecho, en 2007, Miguel Sebastián y Rafael Simancas se quedaron bastante más cerca del 30 que del 40. Es decir, sólo 3 de cada 10 electores madrileños se decantan por el Partido Socialista cuando acuden a votar, mientras que más de la mitad de quienes votan lo hacen por el Partido Popular.

    Pero esto no es lo importante. Lo realmente importante no es que el PSOE, tras dos décadas de declive electoral, se decida por las primarias para elegir a sus cabezas de lista; ni siquiera que las primarias hayan sido forzadas por un enfrentamiento en el seno del partido. Lo importante es que el debate entre los precandidatos se produzca en los términos en que se está produciendo. El argumento principal de Trinidad Jiménez es que, según las encuestas, ella es quien tiene más posibilidades de “vencer a la derecha”; el argumento principal de Tomás Gómez es que lleva trabajando tres años al frente de un partido que ha tenido que reconstruir. Encuestas contra aparato. Ni políticas, ni propuestas ni alternativas al Partido Popular. Quienes tendrán que ir a las urnas en mayo no han escuchado aún qué quieren hacer los precandidatos con Madrid: sólo ven sonrisas, apretones de manos, visitas a pueblos remotos… y estrenos de páginas web.



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    El Partido Socialista recuperó el proceso de primarias en su congreso de 1997, y lo utilizó al año siguiente en la elección de su candidato para la Presidencia del Gobierno. Joaquín Almunia y Josep Borrell fueron también, como hoy, el candidato oficialista y el candidato renovador. En aquellos días, con el Partido Popular recién llegado al Gobierno y las huellas de Felipe González aún frescas, el PSOE abrió una puerta a la democracia interna que se ha ido cerrando con el paso de los años. En las municipales de 1999 y 2003, la victoria de los candidatos oficialistas en las primarias dio paso a que en 2007… ni siquiera se celebrasen. De cómo evolucione la batalla estéril de Gómez y Jiménez depende que las primarias resuciten o que queden enterradas por una tonelada de encuestas.


    La sombra del presidente sale a la luz (AP / Paul White)



    Miren la foto. Mírenla atentamente. Seguro que en ella reconocen, al fondo, la figura de José Luis Rodríguez Zapatero, y a la derecha del presidente del Gobierno, una mayoría de lectores identificará a Trinidad Jiménez, la ministra de Sanidad. Incluso los más informados podrán aportar el nombre de José Martínez Olmos, el Secretario General de su departamento, que se sienta junto a ella. Pero… ¿quién es la cuarta persona en torno a la mesa? ¿Quién mereció, el pasado 27 de abril de 2009, formar parte de la reunión de emergencia convocada en el Palacio de la Moncloa para prevenir una futura epidemia de la Gripe A? Si ustedes no lo conocen, hay alguien que lo recuerda muy bien. Luis Roldán concedió una entrevista a Telemadrid la semana pasada, y cuando se refería al destino de cierta cantidad económica, pronunció su nombre…


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    El ex Director General de la Guardia Civil, que acaba de salir de la cárcel tras 15 años de reclusión, sabe que José Enrique Serrano Martínez trabaja en La Moncloa, pero no recuerda en qué puesto. Dejando de lado sus insinuaciones, podemos aportar alguna información sobre la figura: Serrano es el Director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno. Desconocido por la mayor parte de la ciudadanía porque no se prodiga en los medios, este cargo de libre designación es bien conocido por los informadores y reporteros gráficos que frecuentan las ruedas de prensa en Moncloa. Es la voz que susurra al oído de José Luis Rodríguez Zapatero, y su biografía revela que ya lo hizo al de Felipe González al final de su mandato.

    Pero… ¿podemos concretar un poco más a qué se dedica un Director del Gabinete? Sus funciones están definidas en el Real Decreto que desarrolla la estructura orgánica de la Presidencia del Gobierno.


    a) Proporcionar al Presidente del Gobierno la información política y técnica que resulte necesaria para el ejercicio de sus funciones.


    b) Asesorar al Presidente del Gobierno en aquellos asuntos y materias que éste disponga.


    c) Conocer los programas, planes y actividades de los distintos departamentos ministeriales, con el fin de facilitar al Presidente del Gobierno la coordinación de la acción del Gobierno.


    d) Asistir al Presidente del Gobierno en los asuntos relacionados con la Política Económica.


    e) Realizar aquellas otras actividades o funciones que le encomiende el Presidente del Gobierno.



    El apartado “e” es el más llamativo de los cinco. El Director del Gabinete puede hacerlo todo, puede abordarlo todo, puede ocuparse de todo… y se convierte así, de facto, en el hombre fuerte del Presidente del Gobierno. Tanto responde por carta a los ciudadanos [PDF]… como negocia con los sindicatos la próxima reforma laboral. O aparece como misterioso autor del archivo informático con el que el diario El País conoció las propuestas del Ejecutivo en materia de pensiones. De José Enrique Serrano prácticamente no se conservan declaraciones públicas; de su antecesor podemos encontrar alguna más.


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    Es Carlos Aragonés, Director del Gabinete de José María Aznar entre 1996 a 2004, y se refiere a la crisis interna que creó María San Gil tras su marcha del Partido Popular. Desde que abandonó La Moncloa, Aragonés ha sido elegido dos veces como diputado por Madrid. En su declaración de bienes [PDF] figura como asesor del presidente del Partido Popular, y esto a pesar de que Mariano Rajoy lo descabalgó de la dirección del partido en el congreso de 2004. Aunque quizá lo más revelador sea su ficha en la web del Congreso: la página permite analizar la actividad parlamentaria de los diputados mediante la consulta de sus intervenciones, iniciativas o preguntas. Y desde las elecciones del 9 de marzo de 2008, a efectos del registro parlamentario… Carlos Aragonés no ha hecho nada.