Tras la política

González y Zapatero

González y Zapatero durante un acto en el Congreso (Fuente: http://www.flickr.com/photos/psoe)



El 26 de junio de 1995, Felipe González viajó a Cannes para participar en la última cumbre europea bajo la presidencia de turno de Francia. España estaba a punto de tomar la alternativa en julio, y tendría que adoptar bajo su mandato decisiones tan importantes como el nombre que tendría la futura moneda única y la estrategia para desplegarla. Sin embargo, la crónica televisiva de aquel lunes de verano deja claro que la actualidad política española… siempre se cuela en las citas comunitarias.


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Convergéncia i Uniò nunca apoyó los presupuestos que elaboró Pedro Solbes. El Gobierno tuvo que prorrogar las cuentas públicas y convocó las elecciones que condujeron a José María Aznar a La Moncloa. Ahora, 15 años después, termina otra presidencia española de turno… con otro presidente en horas bajas… que también viaja a las reuniones comunitarias pendiente de que CiU convalide sus leyes. Aunque hay una diferencia importante: el semestre de turno no sólo no ha suavizado los frentes internos del Gobierno, sino que los ha complicado hasta hacerlos casi insostenibles.

En enero de 2010, Zapatero comenzaba presidencia y centraba las prioridades del período en la economía. Durante una charla con periodistas extranjeros, el presidente lanzó su «Estrategia 2020», e inmediatamente desató las iras de Alemania. La posibilidad de ceder soberanía económica y de que se estableciesen sanciones para quienes se saltasen el Pacto de Estabilidad provocaron la protesta del gabinete Merkel. Irónicamente, el último Consejo Europeo ha aprobado esas sanciones con el respaldo de Alemania, y ha decidido que se publiquen las llamadas «pruebas de estrés» de los bancos, que no dejarán en buen lugar a las entidades financieras alemanas.

Una doble victoria española tras seis meses muy amargos: a las críticas iniciales de Alemania hay que sumar el desprecio de la Comisión Europea por la euroorden contra la violencia machista, los continuos rumores de nuestro rescate financiero, la eterna comparación con Grecia, el ataque especulativo contra el euro, la cancelación de la visita de Obama, y por supuesto, las medidas anti-déficit dictadas desde Bruselas. Todo ello, sumado al desgaste que ya arrastraba el gobierno de Zapatero. Al final del semestre, en un acto de partido, ante decenas de dirigentes socialistas, el encargado de consolar al presidente vapuleado ha sido su antecesor: aquel Felipe González que presidió Europa en 1995.



[audio:http://traslapolitica.periodismohumano.com/files/2010/06/montajefelipe.mp3|titles=Felipe González – Congreso]



Y acaba la presidencia, pero se quedan sus efectos. Rodríguez Zapatero vuelve a los frentes internos para enfrentarse al trámite parlamentario de una dura reforma laboral, a la culminación de las fusiones entre cajas y a unas semanas políticas muy complicadas. El Debate sobre el Estado de la Nación está fijado para el 14 de julio, los rumores sobre una reducción del Gobierno son insistentes, y a la vuelta del verano esperan los presupuestos. Sólo falta comprobar si CiU muestra a Mariano Rajoy la misma senda hacia La Moncloa… que ya le mostró a Aznar en 1995.


Ana Oramas

Ana Oramas en su despacho del Congreso / Fotos y vídeo: Julio Albarrán



Para comenzar la primera entrevista de este «enfoque» político podríamos haber elegido un entrecomillado o una pequeña biografía del personaje. No. Sabemos que internet es sinónimo de inmediatez, y de hecho no es necesario ver completo el siguiente vídeo para comprender el artículo, pero con un poco de paciencia se puede disfrutar, durante nueve minutos, de la sonrisa de una mujer.


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Si hay una palabra que destaca en este largo vídeo introductorio es la palabra «feliz», pero la felicidad de Ana Oramas, la portavoz parlamentaria de Coalición Canaria en el Congreso de los Diputados, se convierte en gravedad cuando responde sobre su responsabilidad política. Hace sólo dos semanas, la abstención de su partido junto a CiU en la votación del decreto anti-déficit fue clave para que saliera adelante, y aquello resultó decisivo para formar la opinión que mantiene hoy sobre el presidente del Gobierno.


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La sensación que transmite Oramas, la de esas elecciones que muchos dan por descontadas, parecía inevitable el pasado 27 de mayo, en el pleno clave de las medidas contra el déficit. Y la intrahistoria, desde los escaños del Grupo Mixto… no tiene desperdicio.


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La ex alcaldesa de La Laguna continúa perteneciendo a la dirección de su partido en Canarias, y eso le obliga a mantener una estrecha relación con el Partido Popular de las islas, que forma parte del gobierno autonómico de Paulino Rivero. Sin embargo, pide que establezcamos muy claramente la diferencia entre la política insular y la nacional. Se nota en su opinión sobre la cúpula de la calle Génova.


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Coalición Canaria recibió en 2008 casi 175.000 votos, fue la tercera fuerza política en las islas Canarias por detrás de socialistas y populares… y en los botones de los escaños de sus dos diputados ha descansado el futuro de la economía española. O eso dice quien sostiene que algo tan intangible se decidió en el parlamento hace sólo dos semanas.


Ya hemos repasado los gobiernos de izquierdas que quedan en Europa, ya sabemos por qué la izquierda no avanza en España. Quizá la pregunta sea ahora… por qué somos uno de los pocos países más desarrollados de Europa en los que no gobierna un partido conservador. Encontramos tres posibles respuestas. La primera puede llevar el nombre de un político que no logra consolidarse: Mariano Rajoy.


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El último barómetro del CIS, el correspondiente al pasado mes de abril, realiza su tradicional valoración de líderes políticos. Rajoy nunca ha conseguido despegar en la encuesta. Desde que ejerce la tarea de líder de la oposición no ha salido del suspenso, siempre por debajo del presidente del Gobierno. Incluso ahora, en el peor momento político de José Luis Rodríguez Zapatero. Ni la victoria del PP en las últimas elecciones gallegas ni su triunfo sobre los socialistas en las europeas de 2009 han mitigado la impresión de que el pontevedrés no lleva las riendas del partido. Y es que la segunda respuesta se llama «división interna».



[audio:http://traslapolitica.periodismohumano.com/files/2010/06/aguirrepuertaabierta.mp3|titles=Aguirre en 2008]



Así se pronunciaba Esperanza Aguirre en la primavera de 2008 ante la posibilidad de presentarse a la presidencia del Partido Popular. Porque si es cierto que Rajoy no goza del liderazgo carismático que requiere un partido, también lo es que en su casa no se lo han puesto fácil. Inmediatamente después de perder las elecciones, y tras una conversación de ascensor que marcaría muchos meses de la política nacional, dirigentes como Esperanza Aguirre o Juan Costa amenazaron con moverlo de su sillón presidencial. El argumento principal: que no generaba la ilusión que requiere una alternativa al proyecto de José Luis Rodríguez Zapatero. Sin embargo, llegó el congreso del Partido Popular y Rajoy fue reafirmado como líder de la formación. Desde entonces, la dirección está conformada a su medida… pero los expertos coinciden en que la división interna mata a la derecha.


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La tercera respuesta nace de la comparación del Partido Popular español con sus homólogos europeos. Alemania giró a la derecha con Merkel en septiembre de 2005, Francia se inclinó por Sarkozy en mayo de 2007, Berlusconi acabó con el paréntesis Prodi en 2008, Cameron se acaba de imponer al laborismo en Reino Unido, y todos ellos están llevando a cabo planes de ajuste del déficit muy parecidos a los de España y [con la excepción de Cameron] contrarios a sus promesas electorales. Sin embargo, los populares españoles no dejan de criticar a Rodríguez Zapatero por traicionar sus principios ideológicos.

La conclusión no es nada alentadora. La suma de este análisis con los dos anteriores, los que citábamos en el primer párrafo, dibuja un panorama desolador. El Gobierno no despierta confianza en la ciudadanía por sus continuas rectificaciones; la izquierda parlamentaria no consigue trasladar a la ciudadanía el mensaje «verde y rojo» que abandera en el resto de Europa; la derecha no aparece ante los ojos del electorado como una alternativa creíble al socialismo. Y este horizonte tiene, a su vez, tres salidas: una pasaría por que alguno de estos sectores asumiese su responsabilidad con el futuro del país; la segunda nos conduce a partidos políticos extremistas u oportunistas; la tercera… la tercera se llama abstención.


Los últimos gobiernos de concentración que tuvo España se formaron en 1936 y 1937, en plena Guerra Civil. Desde entonces, el país no ha atravesado nunca una situación tan delicada como para que todos los partidos se vean obligados a formar parte del mismo gabinete. No hizo falta en los difíciles momentos de la Transición, no hizo falta en la etapa de mayor debilidad de Felipe González… y era impensable tras el mayor ataque terrorista cometido en nuestro suelo. Sin embargo, a un hombre tradicionalmente considerado como ecuánime, al político mejor valorado por los españoles, Josep Antoni Duran i Lleida, le parece que ha llegado el momento de otro gobierno de concentración.



[audio:http://traslapolitica.periodismohumano.com/files/2010/05/duranlleidaondacero.mp3|titles=Duran en Onda Cero]



El artículo 101 de la Constitución asegura que «el Gobierno cesa tras la celebración de elecciones generales, en los casos de pérdida de la confianza parlamentaria […] o por dimisión o fallecimiento de su Presidente». La vicepresidenta De la Vega ha descartado ya un adelanto electoral, así que la propuesta de Duran sería viable sólo a través de una moción de censura. Es un mecanismo de emergencia que necesita el respaldo de la mayoría absoluta del Congreso y que debe llevar aparejada la propuesta de un presidente del Gobierno alternativo. El Partido Popular tiene 153 diputados; si consigue sumar los 10 de Convergència i Unió y los 6 del Partido Nacionalista Vasco… la «vía Duran» habrá surtido efecto. ¿Pero quién sería el presidente alternativo?



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Duran i Lleida nació en Huesca, y comenzó su carrera política como diputado en el Congreso y como teniente de alcalde en Lleida. Con su llegada a la presidencia de Unió Democràtica de Catalunya en 1987 volvió a centrarse en la realidad catalana, pero desde las negociaciones de CiU con el PP en 1996, parece llamado a ser ministro. El propio político ha reconocido en su blog que José María Aznar le ofreció la cartera de Asuntos Exteriores en su primer gabinete, y cuando Rodríguez Zapatero ganó las elecciones sin mayoría absoluta en 2004… la posibilidad volvió a materializarse. Incluso en 2008, tras la tumultuosa negociación del Estatut, Duran barajaba la idea de que CiU llegase al Consejo de Ministros.

Durante su entrevista en Onda Cero, el líder de Uniò proponía un gobierno presidido por una personalidad aceptable por los dos grandes partidos, que evidentemente no fuese Zapatero ni Rajoy. Luis María Ansón, hace sólo unos días, sugería que Duran fuese esa personalidad porque la situación es insostenible; casualmente, hace un año, proponía exactamente lo mismo para «afrontar la crisis y la inestabilidad». Todo esto puede resultar un mero ejercicio intelectual, ciertamente avalado por la legislación, pero a veces el sentido común debería sobreponerse a la teoría. El PSOE fue avalado por más de 11 millones de votos hace apenas dos años; el Partido Popular recibió más de 10. Todo lo que no sea refrendado por las urnas puede ser legal, puede ser legítimo… pero puede no ser prudente.


Quedan 55 domingos para las próximas elecciones municipales y autonómicas. Poco más de un año. Varias decenas de domingos llenos de mítines, discursos para la parroquia y sonrisas ante las cámaras en mangas de camisa. Domingos en los que, como cada vez que se acerca el momento de las urnas, la palabra «inmigración» saltará de nuevo a los titulares de los periódicos. En los últimos dos años, con la llegada de cayucos relegada a las sombras mediáticas, los fenómenos migratorios han preocupado a los políticos en dos ocasiones muy concretas: y en las dos se jugaban su futuro electoral.
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Cuando faltaba muy poco para las elecciones del año 2008, Mariano Rajoy lanzó su idea estrella en materia de inmigración: un contrato «de integración» para que todo el que llegase de fuera respetase y adoptase las costumbres españolas. La propuesta fue muy criticada por el Partido Socialista, reforzada por un «no cabemos todos» de Rajoy y aliñada por alguna metedura de pata cometida por un miembro de la cúpula del PP. Pasados los comicios, la inmigración desapareció del foco público hasta 2010. Y eso a pesar de que el Gobierno socialista ha impulsado una reforma de la llamada «Ley de Extranjería», que amplía el período de posible detención para los inmigrantes sin papeles. Por cierto, con el rechazo del PP.

Les invito a leer el próximo párrafo a ritmo de vallenato. Del vallenato compuesto para el candidato Mariano Rajoy en el invierno de 2008.



[audio:http://traslapolitica.periodismohumano.com/files/2010/05/vallenatook.mp3|titles=Vallenato Rajoy]



2010 comenzaba con una decisión muy polémica del alcalde de Vic, en Barcelona. Josep María Vila d’Abadal [CiU], con el apoyo de su gobierno [que incluye a PSC y ERC], decidió modificar las normas de empadronamiento para denunciar a los inmigrantes irregulares que intentasen registrarse. Tras un toque de atención por parte del Gobierno, la izquierda se ha descolgado de ese acuerdo inicial, y el alcalde convergente «sólo» denunciará a los inmigrantes que intenten empadronarse con documentos falsos. Sin embargo… hay más que Vic. En Llavaneres, la denuncia de indocumentados salió adelante sin mucha polémica; en Salt, se reforzó el cuerpo de policía tras una algarada vecinal contra la inmigración; en El Vendrell se denunciará a los inmigrantes con multas; e incluso en Torrejón de Ardoz, Madrid, se intentó otra reforma legal muy en la línea de todo lo anterior.

¿Un panorama desolador? Adéntrense en el siguiente párrafo a ritmo de merengue. Del merengue compuesto para el candidato Zapatero en el inverno de 2008.



[audio:http://traslapolitica.periodismohumano.com/files/2010/05/merengueok.mp3|titles=Merengue Zapatero]



Quedan 55 domingos para las municipales, pero queda muchísimo menos para las elecciones catalanas, que podrían celebrarse como muy tarde el próximo otoño. Hace sólo unas semanas pudimos ver a la candidata del PP a la Generalitat, Alicia Sánchez-Camacho, repartiendo folletos en la calle junto al candidato popular a la alcaldía de Badalona. Los papeles tenían como lema: «no queremos rumanos«. 24 horas después, Sánchez-Camacho se vio obligada a rectificar sobre la forma… pero no sobre el contenido. De hecho, quien repartía los folletos con ella… ha asegurado que «no ve prioritario» pedir perdón por asociar a todos los rumanos de Badalona con la delincuencia. Lo cierto es que el PP pedirá en el parlamento catalán que se aborde a nivel autonómico la denuncia de inmigrantes que intenten empadronarse, y que todas estas noticias alegran, y mucho, a un partido abiertamente xenófobo como Plataforma per Catalunya, que concurrirá a los comicios de otoño.

No cabe duda de que el panorama informativo está y estará marcado en los próximos meses por la economía. Sin embargo, como hoy mismo recordamos en Periodismo Humano, las elecciones municipales de 2011 incorporarán un importante caudal de votantes extranjeros a nuestras urnas… y eso puede provocar que los partidos replanteen sus estrategias. El catedrático de Opinión Pública y Comunicación Política de la Universidad Rey Juan Carlos, Víctor Sampedro, cree que les será muy complicado aprovecharse de la inmigración en un contexto económico tan difícil. «Ahora, aquellos que quieran ganar tendrán que dividir su discurso», asegura. «El PSOE va a resaltar lo que se ha avanzado en los derechos electorales, mientras que el PP tendrá un doble discurso. En aquellas zonas donde vea rentable el discurso reaccionario respecto a la presencia de extranjeros… lo subrayará; además, vinculándolo como factor que agudiza la crisis económica. En las grandes ciudades, donde ese voto migrante les puede beneficiar, establecerá su otro discurso». Quedan 55 domingos de discursos, y de vallenato, hasta la próxima gran jornada electoral.


No habrá Pacto de Estado por la Educación. No puede ser «de Estado» si no lo respaldan los dos partidos políticos que tienen posibilidades de alcanzar el Gobierno de España e impulsar los cambios necesarios en el sistema educativo. Para ciertos políticos ha llegado el momento de buscar a los culpables del fracaso, pero quizá es más interesante analizar las razones de los actores principales del acuerdo [hasta ahora] fallido.


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Ángel Gabilondo llegó al ministerio en abril de 2009, en medio de una remodelación en la que Rodríguez Zapatero se rodeó de su «núcleo duro». En la misma jornada de su toma de posesión, el ex presidente de la Conferencia de Rectores lanzó su principal objetivo político como gobernante: un gran pacto educativo. Y a eso ha dedicado los últimos meses, incluidos contactos al más alto nivel con el Partido Popular. Concretamente, con su Secretaria General. El pasado mes de diciembre, Gabilondo recibió en la sede del ministerio a María Dolores de Cospedal, y entonces parecía posible el pacto: la número dos de Rajoy aseguró que era viable.



[audio:http://traslapolitica.periodismohumano.com/files/2010/05/cospedaleducacion.mp3|titles=Dolores de Cospedal]



¿Qué ha pasado en los últimos 5 meses para que el acuerdo descarrile? El documento que elaboró el Gobierno tras consultar con partidos, agentes sociales e interlocutores educativos contiene casi 150 propuestas, más o menos concretas, para mejorar el sistema educativo. El punto número 8 se refiere a las competencias lingüísticas de los alumnos, y dice así: «[El Gobierno se compromete a] impulsar actuaciones específicas, especialmente referidas a la comprensión lectora, la escritura y la expresión oral, para que todo el alumnado finalice la educación obligatoria con la competencia lingüística necesaria para expresarse con corrección, oralmente y por escrito, en la lengua castellana y, si la hubiere, en la lengua cooficial de la Comunidad Autónoma».

Es pertinente recordar la redacción literal de este artículo porque el Partido Popular ha basado su oposición al texto en que no «garantiza» la enseñanza del castellano en las comunidades bilingües. Esto puede ser cierto, pero quizá resulte también pertinente recordar otro artículo… de otra ley. Concretamente, de la Ley de Calidad de la Educación, impulsada por el PP desde el Gobierno y derogada en 2004. Recordamos, concretamente, el artículo 22 en su apartado h.


«[Los alumnos deberán] comprender y expresar con corrección, oralmente y por escrito, en la lengua castellana y, en su caso, en la lengua cooficial de la Comunidad Autónoma, textos y mensajes complejos, e iniciarse en el conocimiento, la lectura y el estudio de la literatura»



Una redacción muy parecida a la del documento que se maneja… y que hoy no es suficiente. El pasado martes, Ángel Gabilondo expresaba en Televisión Española una reflexión interesante. Decía el ministro que su texto, un texto que calificaba «de consenso», seguía los grandes objetivos marcados por la OCDE, y recordaba que entre las críticas de la organización al sistema educativo español [por ejemplo, en su Panorama de la Educación 2009 (PDF)] no aparecía por ninguna parte la discriminación del castellano.



[audio:http://traslapolitica.periodismohumano.com/files/2010/05/gonzalezcapitalhumano.mp3|titles=Felipe González]



El ex presidente del Gobierno ha pasado hace unas horas por el programa de Iñaki Gabilondo, el hermano del ministro. Felipe González, como líder de los sabios que deben pensar la Unión Europea del futuro, sitúa la mejora del «capital humano» en el centro de ese futuro comunitario. Y así debería ser, con pacto o sin pacto.


Zapatero recibe a Rajoy en La Moncloa en diciembre de 2006 (AP / Bernat Armangue)


Al filo de las 10 de la mañana, el coche oficial de Mariano Rajoy habrá ejecutado una suave curva y habrá frenado ante la puerta principal del Palacio de la Moncloa. Allí habrán estado esperando una treintena de reporteros gráficos, pendientes de si Rodríguez Zapatero bajaba las escaleras, de si sonreía al recibir a su invitado o de si ambos miraban al cielo para comprobar que este mes de mayo está resultando más frío que los anteriores. Y los dos se habrán soltado la mano y se habrán perdido en las sombras del palacio, y habrán comenzado las especulaciones sobre si la reunión duraría más o menos, sobre dónde se convocarían las comparecencias posteriores o sobre quiénes serían los comparecientes. Una composición teatral que ya conocemos de sobra.

Desde que Zapatero llegó a La Moncloa ha recibido a Rajoy, públicamente, en 10 ocasiones. Y decimos «públicamente» porque, por ejemplo, ambos pasaron un buen rato juntos, prácticamente solos, hace dos semanas; y ha habido alguna cena «discreta» en Moncloa, y algún despacho conjunto con el rey. Si dijéramos que el balance de los encuentros es «desigual» estaríamos faltando a la verdad: el balance es muy pobre. Sólo en cuatro ocasiones ha habido acuerdo, pero eran cuatro ocasiones tan delicadas que un desacuerdo habría sido recibido por la opinión pública casi como un insulto. La primera fue el 14 de enero de 2005. El presidente del PP estuvo en La Moncloa pocos días antes de que el «Plan Ibarretxe» llegase al Congreso de los Diputados, allí pactó con Zapatero un frente común contra el soberanismo vasco, y pronunció unas palabras a la salida que, escuchadas hoy, parecen imposibles.



[audio:http://traslapolitica.periodismohumano.com/files/2010/05/rajoysatisfecho.mp3|titles=Mariano Rajoy]



El segundo acuerdo básico entre Zapatero y Rajoy tuvo también al País Vasco como protagonista. Tras el anuncio de un alto el fuego por parte de ETA, el Partido Popular mantuvo una actitud escéptica que fue convirtiéndose en enfrentamiento con el Gobierno, pero el 11 de junio de 2007… ETA había roto ya su tregua, y Rajoy aseguró estar junto a Zapatero ante lo que pudiese venir. Eso sí, con condiciones. Los otros dos acuerdos, acuerdos parciales, llegarían en el año 2008. En su reunión del 23 de julio, los líderes políticos pactaron la renovación del Consejo General del Poder Judicial [no olvidemos las manifestaciones de funcionarios durante la campaña electoral], y en la del 14 de octubre se fraguó el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria [¿alguien imagina al presidente del Gobierno y al líder de la oposición… no pactando el rescate de los bancos?].

Esto en el haber. En el debe, muchos asuntos en los que Zapatero y Rajoy deberían haberse puesto de acuerdo… y no lo han hecho. En las dos reuniones del año 2008, constataron que no eran capaces de pactar la renovación del Tribunal Constitucional, con lo que eso significa [y seguirá significando] para el futuro del Estatuto de Cataluña. De hecho, en 2005, acordaron abrir una comisión para impulsar conjuntamente las reformas estatutarias [que no llegó a crearse] y desde entonces no han conseguido ponerse de acuerdo en materia de política territorial. La lucha antiterrorista fue objeto de discordia hasta la ruptura de la tregua por parte de ETA, y en materia económica, Zapatero y Rajoy pactaron crear una mesa bipartita para las reformas estructurales que necesita España… de la que nada más se supo. Ni la salida de la crisis, ni la política del agua, ni la educación, ni la política exterior.

La reunión de este 5 de mayo tenía dos temas en la agenda: el rescate de la economía griega y la reordenación del sector bancario. A la hora de escribir estas líneas no conocemos el resultado, no sabemos si ha habido sonrisas, miradas al cielo o comparecencias en la sala de prensa del Palacio de la Moncloa. Pero sabemos lo que se espera del presidente del Gobierno y del líder de la oposición en una ocasión como esta. Justo cuando nuestra economía sufre ataques especulativos, justo en el momento en que hay 4 millones y medio de parados, justo ahora que los dos principales tribunales del sistema judicial están desprestigiados, lo que se espera de José Luis Rodríguez Zapatero y de Mariano Rajoy es altura de miras. Y no sólo otro apretón de manos vacías ante la puerta de un palacio.


María Dolores de Cospedal, Secretaria General del Partido Popular (Fuente: www.pp.es)



El programa electoral del Partido Socialista para las Elecciones Generales del año 2004 llevaba, en su página 59, un compromiso en materia de reformas estatutarias. Atención a la parte en la que se alude al consenso.


El PSOE posibilitará las reformas estatutarias que se planteen de acuerdo con la Constitución y respaldadas por un alto grado de consenso democrático. Pero también cree que ha llegado el momento de que, desde el Estado, se aborden algunas modificaciones del Estado Autonómico que contribuyan a superar las ineficiencias, distorsiones y desigualdades que el transcurso de los años ha ido revelando.



Las palabras son «alto grado de consenso democrático». 6 años después de la victoria electoral de Zapatero, podemos afirmar que los socialistas han impulsado cuantas reformas estatutarias han querido llevar a cabo las comunidades autónomas, pero el consenso se ha alcanzado siempre a medias… o acompañado de situaciones paradójicas. Sobre todo en lo que concierne al agua. Porque es el agua [la política hídrica, la gestión o titularidad de los ríos] el factor fundamental de una batalla jurídica sin precedentes entre autonomías.

El último capítulo de la guerra del agua se ha librado en Castilla-La Mancha. El PSOE impulsó en 2006 una reforma estatutaria que culminó con un texto pactado con el PP. Ahora ese texto ha encallado en el Congreso… a causa del agua. La Secretaria General del PP y candidata a suceder a José María Barreda en la Junta culpa al PSOE de buscar la derrota del estatuto para utilizarla como arma electoral; el presidente castellanomanchego destaca que Dolores de Cospedal ha cedido ante las presiones de la Comunidad Valenciana y Murcia. Sea como fuere, las previsiones del estatuto en materia de agua… lo han hecho descarrilar.

En el caso de Castilla-La Mancha, el conflicto de intereses ha estallado antes de la aprobación del estatuto, pero hay muchos otros casos en los que no ha sido así. El gobierno de Barreda [también el de Aragón] recurrió ante el Tribunal Constitucional el nuevo Estatuto de la Comunidad Valenciana: consideraba intolerable el artículo 17.1, que establecía el derecho de los valencianos a los sobrantes de las cuencas hidrográficas excedentarias. El TC desestimó ambos recursos, y le queda aún mucho trabajo por delante. Por ejemplo, con el Estatuto de Cataluña. Al debate por el término «nación», la bilateralidad o la lengua, el tribunal debe añadir los recursos de La Rioja y Murcia por las previsiones del texto en torno al río Ebro.



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Quienes critican los recelos del Partido Popular sobre el Estatut, recuerdan que muchos artículos rechazados por el partido de Rajoy fueron votados por Javier Arenas en el parlamento andaluz. El Estatuto de Andalucía dice en su artículo 51 que la comunidad «ostenta competencias exclusivas sobre las aguas de la Cuenca del Guadalquivir que trascurren por su territorio y no afectan a otra Comunidad Autónoma», y esa redacción fue apoyada por el PP, y recurrida por el extremeño Rodríguez Ibarra. Su sucesor al frente del gobierno, Guillermo Fernández Vara, hizo lo mismo en 2008 con el Estatuto de Castilla y León: consideraba que si los castellanoleoneses se arrogaban la competencia exclusiva sobre el río Duero… se vulneraba la Constitución.

Para defender su estatuto, Barreda recordaba hace unos días la posición del PP frente al Estatuto de Aragón. Allí, los populares exigieron una reserva hídrica para pactar el texto con el PSOE: una reserva hídrica que no ha prosperado en Toledo, y que está recurrida por el Gobierno de la Rioja. Hay socialistas enfrentados con socialistas, populares enfrentados con populares, un gigantesco lío entre comunidades enmarañado en el Constitucional. Buscando título para el post, pensé que la política hídrica había estado brotando de los partidos en los últimos años «a borbotones», pero el diccionario de la Real Academia me sugiere «a borbollones». Dice que significa «atropelladamente», y que un «borbollón» es una «erupción que hace el agua de abajo para arriba, elevándose sobre la superficie». Pues eso.


Federico Trillo-Figueroa Martínez-Conde lleva más de 20 años en el primer plano de la actualidad española. En 1989, este jurídico de la Armada se retiró del Ejército como comandante, ya que esa posición era incompatible con la actividad política: pasó a convertise en Coordinador General de la Refundación del Partido Popular. Desde entonces ha sido diputado en todas las legislaturas, ha presidido el Congreso, ha sido Ministro de Defensa, y ahora ocupa el cargo de Coordinador de Justicia y Libertades Públicas del PP. Uno puede pensar que, en este 2010, después de dos décadas de servicio público en puestos de tan altísima responsabilidad… la influencia del señor Trillo sobre los asuntos del día a día es pequeña, o como mucho «limitada». Vamos a comprobarlo.

Retrato de Federico Trillo en el Congreso

Retrato de Federico Trillo en el Congreso

El último gobierno de José María Aznar dejó varios supervivientes políticos, pero si excluimos a Mariano Rajoy, ninguno de los otros ex ministros [ni Cristóbal Montoro, ni Javier Arenas, ni Francisco Álvarez Cascos… ni siquiera Rodrigo Rato] conserva tanto peso como Trillo. En los últimos 15 días, el Coordinador popular de Justicia ha marcado la línea de su partido en tres frentes: el levantamiento del secreto de sumario en el caso Gürtel, el procesamiento de Garzón por los crímenes del Franquismo y las medidas del Gobierno para que Batasuna no llegue a los ayuntamientos. El voto de Federico Trillo [diputado por Valencia] será clave para la aprobación en el Congreso del Estatuto de Castilla-La Mancha [muy controvertido en sus artículos referentes a las reservas de agua]; desde la gestión de Trillo persisten los ecos del accidente del Yak-42; y por supuesto, un recurso firmado por él [PDF] mantiene atascado al Constitucional desde hace 4 años.

Porque más allá de Gürtel, Garzón o el agua, el asunto que trae de cabeza a las élites políticas desde hace ya muchos meses es la inminente sentencia sobre el Estatuto de Cataluña. Las elecciones catalanas están programadas para el próximo otoño, y un veredicto del Constitucional contrario al texto tendría efectos políticos y jurídicos muy difíciles de predecir. Y como también es imposible predecir en qué sentido se van a pronunciar los jueces, aquí va un dato anecdótico para tranquilidad de quienes piensan que su tardanza es excesiva: el pasado 27 de abril de 2009, el TC «inadmitió el recurso de amparo» presentado por un grupo de diputados socialistas [entre ellos Rodríguez Zapatero] contra una decisión de la Diputación Permanente del Congreso. El recurso se presentó en marzo de 2004, más de 5 años antes, y el asunto no pasaba de ser un trámite parlamentario sobre la guerra de Irak.

Conclusión. 20 años después del Congreso de la Refundación del PP, con fotografía sevillana del aniversario incluida, hay un nombre que continúa marcando la agenda política del partido: el de Federico Trillo-Figueroa Martínez-Conde.


Evolución del IPC entre agosto de 2007 y marzo de 2010 (INE)



Todos los gráficos simplifican la realidad para hacerla comprensible. Y a pesar de esa simplificación, no mienten: no cambian con el paso del tiempo, la información que revelan permanece inmutable. El gráfico que se puede ver sobre estas líneas refleja la evolución del Índice de Precios al Consumo durante los últimos dos años y medio. Los porcentajes son interanuales: es decir, reflejan cómo aumentaron o disminuyeron los precios con respecto al año anterior.

Si los líderes políticos utilizaran más en sus discursos esas realidades inmutables que son los datos, el debate público se enriquecería. Pero no basta con citar los datos, también hay que emplearlos con cierta honestidad. La campaña electoral de 2008 giró en torno a lo que entonces se cernía sobre nosotros: una grave crisis económica según el PP, sólo una desaceleración según el PSOE. Y en medio de ese debate, la subida de los precios adquirió una gran relevancia.



[audio:http://traslapolitica.periodismohumano.com/files/2010/04/montajeprecios.mp3|titles=Debate preelectoral 2008]



Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero, en sus debates preelectorales, acudieron a los precios de la leche y del pollo para demostrar que la inflación había subido más bajo la vigilancia del partido de enfrente. En aquel marzo de 2008, el candidato del PP recordaba que los precios habían subido un 2,2 por ciento desde el verano anterior, y que esa situación era «de riesgo». En marzo de 2010, la inflación se ha recortado notablemente… pero basta con observar el gráfico para comprobar que los precios han subido un 2,8 por ciento desde el último verano. Y la inflación no está ya en el debate político. Y los precios no son un problema. Y los ciudadanos no aprecian que su compra salga más barata. Será que no hay elecciones en el horizonte.