Tras la política

Al fondo, Alfredo Pérez Rubalcaba y su homólogo marroquí (AP / Daniel Ochoa de Olza)

Al fondo, Alfredo Pérez Rubalcaba y su homólogo marroquí (AP / Daniel Ochoa de Olza)


Era también noviembre. Corría el año 1975.

Jaime de Piniés estaba trabajando en su oficina [...] cuando sonó el teléfono. Eran las nueve de la noche del 11 de noviembre y hacía ya tiempo que el personal de la Embajada se había marchado. [...] El embajador descolgó. Al otro lado del hilo, Kurt Waldheim le pidió que fuera a verle. De Piniés subió a su coche y 15 minutos más tarde llegó al despacho del secretario general, en el piso 38 del edificio de Naciones Unidas. Waldheim fue directo al grano:

- Puesto que ya no resistís la presión y queréis marcharos del Sáhara, yo me haré cargo del territorio y lo llevaré a la autodeterminación. Sólo necesito que me dejéis provisionalmente un contingente militar de 10.000 legionarios a los que colocaríamos bajo bandera de la ONU.

Al español le pareció una idea magnífica. El secretario general le advirtió:

- Debemos evitar que el plan llegue a oídos del Gobierno marroquí, porque lo boicotearía, como ha hecho con otros anteriores.

El día 13, Waldheim entregó al embajador un documento, escrito en francés, en el que se detallaba su estrategia. Decía que España anunciaría su retirada del Sáhara en una fecha por determinar. La ONU asumiría entonces la administración del territorio por un período de seis meses. [...] Ese mismo día, De Piniés transmitió el documento al Ministerio de Asuntos Exteriores con carácter urgente. Pero el Gobierno no le prestó atención.”

Tomás Bárbulo. La historia prohibida del Sáhara Español

Muchos noviembres después, la descolonización del Sáhara sigue protagonizando las llamadas telefónicas entre los altos cargos del Gobierno español. El violento desalojo de un campamento a las afueras de El Aaiún por parte de Marruecos ha vuelto a poner en evidencia la responsabilidad histórica de España con el pueblo saharaui. Y si a esto le sumamos el fallecimiento de un ciudadano español y la expulsión de los medios de comunicación, puede acabar formándose ‘la tormenta perfecta’. Esta semana leíamos que en el Partido Socialista hay inquietud por el descrédito que le puede acarrear una posición tibia con respecto al Sáhara, y mucho más tras el comienzo de una remontada preelectoral que se había iniciado con el último cambio de Gobierno. Se impone una fotografía, una instantánea de los actores políticos españoles implicados en esta crisis.

    • Trinidad Jiménez. Sólo hace tres semanas que Jiménez fue nombrada ministra de Asuntos Exteriores, pero… ¿alguien recuerda ya su buena gestión como ministra de Sanidad? La política ha heredado el traje de Moratinos en un momento muy complicado, de equilibrios diplomáticos finísimos, y ya ha comenzado a recibir un trato de la oposición completamente diferente al que recibía.
  • Este mes de noviembre, con el Sáhara presente en los titulares, escuchamos hablar de los medios de comunicación, de que el Gobierno está “secuestrado moralmente por Marruecos” y de conservar la amistad del país vecino en pos de una buena relación estratégica. Pero de los saharauis nadie se ocupa. Ni el partido que desatendió sus peticiones durante ocho años de Gobierno… ni el presidente que prometió avances en su situación en los seis primeros meses de mandato. ¿Habrá en 2010 algún Jaime de Piniés, trabajando en algún despacho, esperando a que suene su teléfono?


    No hace ni siquiera dos meses. El 17 de septiembre, una noticia política de primera magnitud pasó fugazmente por las portadas de los medios de comunicación: el Gobierno había destituido a Belén Barreiro, la directora de la principal institución demoscópica del país, cuando quedaba sólo un año y medio para el final de la legislatura. Y cuando el Partido Popular sacaba su mayor ventaja en voto decidido al Partido Socialista en el barómetro electoral que elabora todos los meses el Centro de Investigaciones Sociológicas. Hoy, ni siquiera dos meses después, la vicepresidenta que decretó el cese ya no forma parte del Ejecutivo, y Barreiro analiza en la prensa los barómetros electorales que publica el centro para el que trabajó.

    Su última reflexión es particularmente interesante. En un artículo corto y bien argumentado, la ex directora del CIS -que ahora dirige el Laboratorio de Ideas de la Fundación Alternativas- asegura que, a luz del Barómetro de Octubre, que otorga una amplia ventaja electoral a Mariano Rajoy sobre Jose Luis Rodríguez Zapatero, es muy difícil asegurar que será el PP quien gane las Elecciones Generales de 2012. Y ofrece tres argumentos: que Rajoy no supera en valoración a Zapatero, que los socialistas son percibidos como mejores gestores en la mayor parte de las áreas políticas y que el electorado considera que el Partido Popular se está alejando del centro para ‘derechizarse’. Por estos motivos, Belén Barreiro nos invita a desconfiar de la primera encuesta preelectoral elaborada sin su supervisión. Y no parece un capricho.

    La serie histórica del CIS, examinada en perspectiva, no deja lugar a dudas. Los barómetros han venido ofreciendo una información bastante acertada sobre la tendencia electoral de los españoles, pero ni mucho menos han acertado en los porcentajes. De hecho, tras la celebración de los comicios, puede apreciarse cómo las diferencias se ajustan, resituando en el mapa a los partidos que se han comportado de una manera ‘inesperada’ en las urnas. Como las referencias a las elecciones del año 2004 suelen ser polémicas, nos quedamos con las de 2008. El Barómetro de Enero otorgaba al PSOE una ventaja electoral de 1,5 puntos; tras los comicios, que Zapatero ganó por 3 puntos, la brecha se amplía hasta los 6 puntos… a favor de los socialistas, que cosecharon una victoria mayor que la esperada.

    Pero lo mismo ocurrió en 1996 o en 2000. ¿Nos podemos fiar entonces del CIS? Y lo que es más importante. ¿Nos podemos fiar de las encuestas privadas que los periódicos imprimen a cinco columnas? El pasado mes de mayo, tras el recorte del día 12, El Mundo vaticinaba que Rajoy ganaría unas hipotéticas Elecciones Generales con una mayoría absoluta más amplia que la de Aznar; hace unos días, La Vanguardia jugaba con el mismo elemento para asegurar que el PP ‘rozaba’ esa mayoría absoluta, y la última edición del Pulsómetro de la Cadena SER, la de la primera semana de noviembre, reflejaba cierto cambio de tendencia en la opinión pública que ‘resucitaba’ al Gobierno. Mención aparte merece la errata de La Razón, que asegura que el PSOE ha perdido ’34 millones de votos’. Son encuestas que intentan fotografiar momentos, que intentan captar qué piensan los españoles.

    Los barómetros del CIS siempre acaban siendo objeto de controversia política. Si favorecen a la oposición, esta los airea como pruebas de su éxito, mientras que el Gobierno musita aquello de que ‘la verdadera encuesta es la que se responde en las urnas’; por el contrario, si los porcentajes favorecen al partido en el poder, la oposición apelará a la llamada ‘cocina del CIS’, que responde al efecto estadístico que diferencia la intención directa de voto decidido… de la estimación de voto en unas Elecciones Generales. Quizá todo este soufflé se rebajase con la modificación de un Real Decreto: el 1214/1997, que a su vez modifica al 1526/1990. Son los textos que establecen que el director del CIS sea elegido por el Consejo de Ministros y no por una mayoría reforzada del Parlamento. Quizá convenga ayudar, por la vía legislativa, a que nuestras instituciones gocen de más prestigio.


    Alfredo Pérez Rubalcaba entra en la cúpula del Gobierno (AP / Daniel Ochoa de Olza)

    Alfredo Pérez Rubalcaba entra en la cúpula del Gobierno (AP / Daniel Ochoa de Olza)



    Déjenme que les hable de una coincidencia…

    Un día de abril del año 2000, hace ya más de una década, Mariano Rajoy entró de lleno en la carrera por la sucesión de José María Aznar. Tras la victoria del PP por mayoría absoluta, el presidente reorganizó su gabinete para otorgar a Rajoy el máximo protagonismo político, el trampolín hacia la sucesión. Quien había sido ministro de Administraciones Públicas y Educación se iba a convertir en Vicepresidente Primero, en la mano derecha del inquilino de La Moncloa. En los años siguientes, Rajoy acabaría pasando por Interior, asumiría el Ministerio de la Presidencia… e incluso la portavocía, con alguna intervención memorable.

    Poco después de las ocho de esta mañana, la Cadena SER ha desvelado que Zapatero iba a realizar este miércoles una remodelación profunda de su Gobierno. Y antes de conocer más nombres, ha saltado el cambio estrella: Alfredo Pérez Rubalcaba será Vicepresidente Primero del Gobierno y Ministro Portavoz. ¿Les suena el esquema? Un hombre que conoce al dedillo la administración, que ha sido ministro de Educación y ministro del Interior. El líder socialista sitúa en lo más alto del escalafón al ministro mejor valorado, justo cuando el Gobierno necesitaba una mejor imagen para llegar a 2012.

    Dos hombres, Rajoy y Rubalcaba, con muchas coincidencias en su vida política, que acaban ocupando el mismo puesto con una década de diferencia. Rajoy sucedió a José María Aznar al frente del Partido Popular… y atraviesa ya su segunda legislatura en la oposición. Rubalcaba suena, y suena, y suena… como sucesor de Zapatero.



    Déjenme que les hable de una ministra…

    Elena Salgado es la única ministra que se mantiene en el Gobierno de Zapatero desde abril de 2004. Hoy ha sobrevivido a la remodelación gubernamental más amplia desde ese día, y justo en la jornada en que se aprueba el endurecimiento de un proyecto que ella alumbró en Sanidad: la Ley Antitabaco. El presidente ha eliminado Vivienda, ha eliminado Igualdad, se deshace de María Teresa Fernández de la Vega… pero por ese mismo precio no ha tocado Economía. Se refuerza así el mensaje anticrisis, pero se refuerza también a Salgado.



    Déjenme que les hable de una ex ministra…

    María Teresa Fernández de la Vega sale del Gobierno tras figurar como una de las ministras mejor valoradas de los últimos siete años. Sin embargo, la coordinación interna del Ejecutivo ha dejado mucho que desear, sus compromisos con la Función Pública han quedado en nada tras la crisis, y el cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica no acaba de despegar. Sus funciones al frente de la Portavocía del Gobierno tampoco eran ya lo que fueron. ¿Cuál será el futuro de la primera mujer que presidió un Consejo de Ministros?



    Déjenme que les hable de un miedo…

    Decíamos hace unos días que las organizaciones ecologistas echaban de menos la etapa de Cristina Narbona al frente del Ministerio de Medio Ambiente. Unas ganas y unas políticas que quedaron enterradas bajo la discreción de Elena Espinosa. La llegada de Rosa Aguilar al Gobierno central, tras un triple salto mortal desde la alcaldía de Córdoba y pasando por la Junta de Andalucía, vuelve a poner al ministerio en primera línea comunicativa de combate. ¿Qué ha pesado más para esta decisión: la nostalgia o el temor a la aparición de una opción electoral ecologista?



    Déjenme que les hable del futuro…

    Todo lo anterior se refiere a la estrategia electoral del Partido Socialista y de Zapatero de cara a 2012. ¿Habrá llegado finalmente el momento de pensar en los ciudadanos y en su salida de la crisis, con más derechos y con menos precariedad?


    Hace una semana de la huelga general, y las primarias del Partido Socialista de Madrid no han contribuido a apaciguar esa sensación general… de que Zapatero se está suicidando políticamente. Las últimas encuestas dicen que Mariano Rajoy ganaría en las urnas por más de 14 puntos. Los dirigentes del PSOE repiten, por activa y por pasiva, que no cabe otra opción para 2012 que una candidatura encabezada por el presidente, que no conciben una alternativa a Rodríguez Zapatero, pero analizar el panorama político es gratis, y por eso nos preguntamos… ¿quién podría figurar en el cartel socialista si saltara la sorpresa?

    Como vamos a realizar un ejercicio de pura especulación, dejaremos de lado a los candidatos clásicos que aparecen en la prensa. Analizando por analizar, hemos reunido un puñado de nombres que serían aceptables para el partido, que podrían ser bien vistos por la ciudadanía… y que incluso tendrían posibilidades de derrotar al Partido Popular.


  • BERNARDINO LEÓN
  • El Secretario General de la Presidencia del Gobierno, ex Secretario de Estado de Asuntos Exteriores, se ha convertido en la mano derecha de Rodríguez Zapatero en el Palacio de la Moncloa. Tiene fama de discreto, eficiente, mantiene contactos con la élite del poder económico internacional, y las crónicas aseguran que es el muñidor de la estrategia a gran escala del Gobierno. En su contra, un perfil poco reconocible por el gran público.


  • CRISTINA NARBONA
  • Desde París, asegura seguir la actualidad española con detalle. La Embajadora de España ante la OCDE es recordada con añoranza por las asociaciones ecologistas, que consideran que su gestión al frente del Ministerio de Medio Ambiente deja a su sucesora, Elena Espinosa, bastante mal parada. Narbona es conocida por la militancia y apreciada en el seno del PSM a pesar de su apoyo a Trinidad Jiménez. Quienes vieron perjudicados sus intereses, sobre todo en la costa, entre 2004 y 2008… no parecen opinar lo mismo.


  • DAVID VEGARA
  • Dejó la política hace un año y medio “por razones personales”, pero recientemente ha vuelto a sonar su nombre para ocupar responsabilidades públicas. Vegara fue el número dos de Pedro Solbes entre 2004 y 2009, y tardó sólo unas semanas en seguir los pasos de su jefe cuando fue relevado por Elena Salgado. El ex Secretario de Estado de Economía, militante del PSC, desempeñó el cargo dejando pocos enemigos por el camino, y salió a tiempo del Gobierno… para no verse atropellado por lo más crudo de la crisis.


  • GUILLERMO FERNÁNDEZ VARA
  • Entre los llamados ‘barones’ encontramos a un extremeño, médico, amante de las nuevas tecnologías, que prometió visitar todos los pueblos de su comunidad durante la legislatura que acaba en 2011. Es el último presidente autonómico que ha puesto en entredicho, siquiera ligeramente, la continuidad de Zapatero en La Moncloa, y comparte con su antecesor en el cargo una visión de España alejada del federalismo catalán.




    Son cuatro nombres prestigiosos del Partido Socialista. Si buscásemos, encontraríamos en el Partido Popular a personas como Alberto Núñez Feijoo, Rodrigo Rato, Alberto Ruiz-Gallardón o Ana Pastor. Y si todos coincidimos en que cualquiera de estos nombres serían una mejor oferta para los ciudadanos que Zapatero o Rajoy… ¿por qué se resignan los partidos a que sus líderes generen apatía?


    Si Zapatero comenzaba cada curso político en Rodiezmo, Rajoy lo comienza aún con un retiro casi monacal de la cúpula de su partido. Este año tocaba Toledo, una localización muy simbólica que buscaba arropar las aspiraciones de María Dolores de Cospedal a la presidencia de la Junta de Castilla-La Mancha. Tras 48 horas de reflexión, encuestas… y sobre todo de silencio, el líder del PP se ponía ante los micrófonos para hablar de economía.


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    Llama la atención que Mariano Rajoy, el hombre que siempre acusa al Gobierno de anunciar medidas y más medidas, planes y más planes inconexos contra la crisis, haya presentado en esta ocasión un paquete de 50 medidas para atajarla. Llama la atención porque no es el primero. A saber: a finales del mes de agosto, durante una entrevista con una agencia de noticias, Rajoy esbozó las 8 grandes iniciativas económicas que llevaría a cabo si llegase al Gobierno; el pasado mes de marzo, un “plan de choque” elaborado por la calle Génova contenía las 5 medidas esenciales para salir de la recesión; un año antes, en abril de 2009, Rajoy tomó el atril de Cospedal para anunciar un plan global con 12 reformas anticrisis. Y poco hemos sabido de ninguna de ellas.

    El plan de Mariano Rajoy contra la crisis, si tan necesario fuese, debería lucir en su lomo desde hace ya muchos meses el sello del registro del Congreso de los Diputados. Nadie discute que el Grupo Popular en la Cámara esté presentando enmiendas a las reformas del Gobierno -no es para menos-, pero no dejan de ser aportaciones aisladas cuyo decaimiento lamenta Rajoy ante Zapatero con el dolor del amante herido: me dice que no le ayudo, intento hacerlo con mis enmiendas y usted me las tumba. Literal. En el debate antidéficit del 12 de mayo, el líder de la oposición propuso cosas muy concretas que el presidente desestimó: suprimir ministerios, retirar subvenciones y recuperar competencias. Tres actuaciones muy efectistas que ahorrarían muy poco al Estado.

    En definitiva: ¿qué está haciendo el Partido Popular para ayudar a que España salga de la crisis? Y desde una perspectiva puramente electoral: ¿qué está haciendo el Partido Popular para ser visualizado como una alternativa de Gobierno? Quizá Rajoy ha analizado las caídas de los cuatro ex presidentes del Gobierno y ha observado que todos salieron de La Moncloa por hartazgo del respetable; exceptuando al Partido Socialista liderado por Felipe González -que se enfrentaba a una UCD desgastadísima-, ninguna oposición ha llegado a ser Gobierno por encandilar a los electores, sino como el fusible que se recambia para poder seguir teniendo luz en casa. Quizá esté esperando Rajoy, por tanto, a que se le fundan los plomos a Zapatero. ¿No sería más inteligente -y sí, también más honrado- trabajar para reparar la instalación eléctrica del edificio y así convertirse en imprescindible para los inquilinos?

    P.D.: Es curioso. Al recordar el post me he acordado de aquello de “las luces de la fiesta“.


    Aguirre, Rajoy y Gallardón celebran su victoria en 2007 (AP / Daniel Ochoa de Olza)



    Parece que ha pasado mucho tiempo desde el 27 de mayo de 2007, pero sólo han transcurrido tres años y medio. Ese domingo de finales de primavera, mucho antes de que nos azotaran la crisis económica o la Gripe A, Mariano Rajoy se asomó al balcón de la calle Génova para celebrar su primera victoria electoral a nivel nacional como líder del Partido Popular. Ganó a Rodríguez Zapatero por 156.000 votos, se declaró preparado para recuperar el Palacio de la Moncloa en 2008, y aquella noche alzó las manos de sus dos baluartes, de dos vencedores hasta ahora imbatibles en Madrid: Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón. En el Partido Socialista faltaban sólo unos días para la dimisión de los perdedores.

    La elaboración de las listas del PP para las generales de 2008, que la derecha perdió, ha dejado claro que la batalla por la capital no es ya un asunto local o autonómico. El número 7 de la Puerta del Sol se ha convertido en un verdadero centro de poder nacional. La presidenta Aguirre presionó a Rajoy para que el alcalde Gallardón no tuviese un escaño en el Congreso, y han sido las desavenencias entre las facciones que ambos lideran las que han hecho tambalearse los cimientos del partido. Para Ferraz, perder Madrid sistemáticamente desde 1991 se ha convertido en una rémora: es el único feudo socialista de los ochenta que el PSOE no ha conseguido recuperar en las urnas, y las derrotas encadenadas -que también cosechan en las generales- le impiden contar con mayorías holgadas en el Parlamento.

    En mayo de 2011, los madrileños tienen una nueva cita con las urnas. El Partido Popular volverá a apostar por Aguirre y Gallardón, mientras que el Partido Socialista aún no sabe por quién tiene que hacerlo. Frente al Secretario General del PSM, Tomás Gómez, el presidente Zapatero ha lanzado la candidatura de una estrecha colaboradora que siempre ha acudido a su llamada: la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez. Desde hace semanas, los dos precandidatos protagonizan cruces de declaraciones en los medios de comunicación con un alto calado político: que si tú eres la candidata del aparato, que si tú eres el candidato de la derecha, que si te han puesto a dedo, que si no despegas en las encuestas…


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    Partiendo de estos hechos, el asunto puede analizarse desde dos perspectivas: la electoral y la verdaderamente importante. Desde el punto de vista electoral, el PSOE llega a las urnas con un historial dramático. Desde la desaparición de la escena madrileña de Joaquín Leguina y Juan Barranco [ex presidente y ex alcalde], los socialistas no han superado el umbral del 40 por ciento de votos. De hecho, en 2007, Miguel Sebastián y Rafael Simancas se quedaron bastante más cerca del 30 que del 40. Es decir, sólo 3 de cada 10 electores madrileños se decantan por el Partido Socialista cuando acuden a votar, mientras que más de la mitad de quienes votan lo hacen por el Partido Popular.

    Pero esto no es lo importante. Lo realmente importante no es que el PSOE, tras dos décadas de declive electoral, se decida por las primarias para elegir a sus cabezas de lista; ni siquiera que las primarias hayan sido forzadas por un enfrentamiento en el seno del partido. Lo importante es que el debate entre los precandidatos se produzca en los términos en que se está produciendo. El argumento principal de Trinidad Jiménez es que, según las encuestas, ella es quien tiene más posibilidades de “vencer a la derecha”; el argumento principal de Tomás Gómez es que lleva trabajando tres años al frente de un partido que ha tenido que reconstruir. Encuestas contra aparato. Ni políticas, ni propuestas ni alternativas al Partido Popular. Quienes tendrán que ir a las urnas en mayo no han escuchado aún qué quieren hacer los precandidatos con Madrid: sólo ven sonrisas, apretones de manos, visitas a pueblos remotos… y estrenos de páginas web.



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    El Partido Socialista recuperó el proceso de primarias en su congreso de 1997, y lo utilizó al año siguiente en la elección de su candidato para la Presidencia del Gobierno. Joaquín Almunia y Josep Borrell fueron también, como hoy, el candidato oficialista y el candidato renovador. En aquellos días, con el Partido Popular recién llegado al Gobierno y las huellas de Felipe González aún frescas, el PSOE abrió una puerta a la democracia interna que se ha ido cerrando con el paso de los años. En las municipales de 1999 y 2003, la victoria de los candidatos oficialistas en las primarias dio paso a que en 2007… ni siquiera se celebrasen. De cómo evolucione la batalla estéril de Gómez y Jiménez depende que las primarias resuciten o que queden enterradas por una tonelada de encuestas.


    Llega el calor… y con él llega una pausa en Tras la Política. Atrás quedan cuatro meses de reflexiones sobre los actos y las intenciones de los políticos, intentando observar siempre la actualidad con un ángulo muy abierto, desechando el corto plazo. Llega el calor, sí, y con él llegan también los rituales políticos de cada verano. Por eso queremos dejar en el aire, hasta la vuelta de las vacaciones, 10 preguntas políticas aún sin respuesta… que pueden resultar clave de cara al próximo curso.

    1. ¿Aguantará la economía española fuera de la recesión?

    La vicepresidenta económica lo tenía muy claro: el paquete de medidas anti-déficit que Europa impuso a España lastraría nuestro crecimiento en unas décimas. Además, acaba de entrar en vigor una subida del IVA que podría retraer el consumo durante el tercer trimestre del año. El Fondo Monetario Internacional cree que terminaremos 2010 en el -0,4%; Elena Salgado considera que la contracción se quedará en el -0,3%.

    2. ¿Acudirá Zapatero a su tradicional cita en Rodiezmo?

    Era el acto político con el que, tradicionalmente, se daba el pistoletazo de salida al curso político, hacia el último fin de semana de agosto. Allí, el presidente aprovechaba para mostrar su simpatía por el sindicato UGT y para anunciar una subida de las pensiones mínimas de cara al año siguiente. En 2010, las medidas contra la crisis se han cebado con esos subsidios, y la relación de Zapatero con Méndez se ha enfriado notablemente.

    3. ¿Mantendrán los sindicatos su huelga general del 29 de septiembre?

    La huelga “en diferido”, provocada por la aprobación de una reforma laboral por decreto, coincidirá con una jornada europea de protestas para exigir a los gobernantes una salida más social de la crisis. Este mes de junio, los paros de maquinistas en el Metro de Madrid ha generado la imagen de lo que puede llegar a ocurrir si los sindicatos paralizan el país en septiembre. Si el Ejecutivo da por descontada la huelga, podrá decidirse a acometer nuevas reformas impopulares.

    4. ¿Habrá más reformas en los Consejos de Ministros extraordinarios?

    Este verano, las vacaciones de los ministros serán más cortas. Durante los dos últimos años, el rumbo de la crisis obligó a Zapatero a convocar un Consejo en pleno agosto, pero este año serán dos. Ya es tradición que el Gobierno aproveche esas reuniones para sacar adelante ayudas a zonas incendiadas, pero este 2010, teniendo ya convocada una huelga general, al presidente puede no temblarle la mano a la hora de incidir en las reformas estructurales.

    5. ¿Se mantendrá Díaz Ferrán al frente de la patronal CEOE?

    Los problemas de Marsans y Air Comet parecían ser minucias comparados con la reforma laboral, a la que el presidente de los empresarios se entregó intensamente hasta el fracaso de las negociaciones. Con los cambios aprobados por decreto, Ferrán puede volver a enfrentarse a una Junta Directiva complicada, pero el verano ha comenzado para él con una victoria: colocando al frente de Cepyme a un hombre de su confianza y deshaciéndose del crítico Jesús Bárcenas.

    6. ¿Quién ganará el Debate sobre el Estado de la Nación?

    Zapatero suele vencer en estas contiendas parlamentarias por la falta de alternativas que plantea Rajoy. Sin embargo, el presidente se encuentra hoy en sus horas más bajas, y el líder de la oposición sorprendía hace unos días con una actitud pactista que no se recordaba desde hacía tiempo en el Partido Popular. Atención también al papel de los nacionalistas: sobre todo, de los que siguen amenazando con hacer caer al Gobierno a la mínima de cambio.

    7. ¿Qué repercusión tendrá la manifestación en defensa del Estatut?

    Mañana sábado, José Montilla se colocará al frente de la marcha en defensa del texto acompañado por una ‘senyera’. Será el arranque oficial de una campaña electoral de cara al otoño que girará en torno al mismo asunto: la Cataluña agraviada por el Constitucional. Una victoria de CiU puede hundir al PSC y reflotar al PSOE; una victoria del PSC puede dar alas a un nuevo tripartito y terminar con el Gobierno de Madrid.

    8. ¿Cuánto tendremos que esperar hasta ver un cambio de Gobierno?

    A quienes disparan los rumores sobre los cambios de carteras ya no les quedan fechas que ensayar. Unos dicen que coincidiendo con el Comité Federal del PSOE; otros, con el Debate sobre el Estado de la Nación… Pero todos coinciden en que, si Zapatero continúa con sus costumbres, alguna de las caras más conocidas del Ejecutivo podría convertirse en cartel electoral para las autonómicas y municipales del año 2011, que también marcarán el próximo curso.

    9. ¿Conoceremos a los candidatos socialistas para Madrid de cara a 2011?

    Las mayorías arrolladoras de Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón en la capital siguen sin contestación. Las desavenencias entre el socialista Tomás Gómez y el ministro José Blanco son conocidas, y eso puede seguir retrasando el anuncio de unos candidatos muy importantes para todo partido que quiera ganar en 2011. Si el PP amplía su poder municipal y autonómico, podrá haber reeditado los comicios de 1995, antesala de su llegada a La Moncloa.

    10. ¿Se decidirá Rajoy a remodelar su partido en Valencia?

    El PP tiene un problema importante en casa: la corrupción. El Caso Gürtel y la reciente imputación de José Joaquín Ripoll siguen poniendo en evidencia que Mariano Rajoy tiene pendiente una renovación de filas en varias comunidades, pero sobre todo en Valencia. Francisco Camps podría no ser el candidato del PP para las autonómicas de mayo, y ese movimiento deja dos nombres en el tintero: el de Rita Barberá y el de Esteban González Pons.

    Son 10 preguntas sin respuesta que intentaremos responder a partir de septiembre. Nos leemos entonces. Hasta ese momento, estaremos en el blog del 14 Encuentro Internacional de Foto y Periodismo, y como siempre, en Twitter.


    Los próximos días 14 y 15 de julio, el Congreso de los Diputados tiene que debatir y votar cuál es el Estado de la Nación española. El presidente del Gobierno subirá a la tribuna, y en su discurso expondrá los logros y los retos del gabinete que encabeza. Después, el líder de la oposición tomará la palabra… para oponerse a todo lo anterior. Lo de siempre. Como son tiempos oscuros, de crisis y descrédito político para el Ejecutivo, se espera un debate bronco para Rodríguez Zapatero. Sin embargo, la situación se puede relativizar. Más allá de los errores en la gestión de la crisis por parte del PSOE [central, vital, primordial]… ¿cómo estaba la nación en 2004 y cómo está ahora?


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    Sólo escuchar la sintonía de los telediarios que dirigía Alfredo Urdaci nos retrotrae a los tiempos en los que Televisión Española fue condenada por vulnerar derechos fundamentales con su labor informativa. Los socialistas no han conseguido desvincular los contenidos de la televisión pública de la lucha por la audiencia, pero es prácticamente unánime la impresión de que las informaciones políticas son hoy mucho menos parciales que hace 6 años. El nuevo modelo de RTVE era uno de los retos electorales del PSOE, y ha sido abordado.


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    Las imágenes que acompañan a estas líneas son de hace ya cinco años, del 30 de junio de 2005, y reflejan dos acontecimientos políticos muy distintos. Uno es la aprobación del matrimonio homosexual, otra promesa electoral, y el otro es la lucha que protagonizó Manuel Marín contra la crispación en el seno del parlamento. Las fuerzas políticas españolas vivieron en una continua gresca entre 2002 y 2008; y hoy, a pesar de las peticiones de dimisión para el presidente del Gobierno, los debates en el Congreso suelen ser de guante blanco.


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    Las cifras de muertos en la carretera se han reducido radicalmente en los últimos años. La gestión de Pere Navarro al frente de la DGT, con el carné por puntos que cumple ahora cuatro años, deja ya como fruto una concienciación general contra las imprudencias en la carretera, similar a la que se ha conseguido con el consumo de tabaco. Hoy los españoles gozamos de un permiso de paternidad o maternidad, el acceso al alquiler de una vivienda es más fácil para los jóvenes… y las becas, aún muy escasas, se han multiplicado. El Ejecutivo convirtió la lucha contra la violencia de género en una de sus prioridades políticas, y tras la fallida tregua de ETA, la lucha antiterrorista da frutos muy sustanciosos.

    Son logros de la administración Zapatero que estarán en los libros de Historia debajo del nombre del presidente, pero junto a ellos figurarán los errores: los numerosos errores que el Gobierno ha cometido [y comete] en el camino para la salida de la crisis. El curso se cerrará en los próximos días con el Debate sobre el Estado de la Nación y quizá con un cambio de Gobierno, pero el próximo comenzará con una huelga general, con unos presupuestos que pactar y con unas elecciones catalanas que centran las estrategias partidistas. Parece un otoño clave para saber qué pesará más en el balance histórico del presidente: las luces o las sombras.


    Mariano Rajoy en el Congreso de los Diputados (AP / Paul White)

    Mariano Rajoy en el Congreso de los Diputados (AP / Paul White)



    Da la casualidad de que, andando el tiempo, el Partido Popular tenía razón en parte de las cosas que decía sobre el Estatuto de Cataluña. El PP recurrió 114 artículos del texto en 2006, el Tribunal Constitucional le ha dado la razón completa en 14, y la razón de forma parcial en 27. Pero tras cuatro años de deliberaciones, casi nadie recuerda el fondo de los argumentos de Mariano Rajoy: se recuerdan las recogidas de firmas, los exabruptos, el “se rompe España“. En definitiva, las formas.


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    Ya tenemos fallo, y con él ha llegado la culminación de un giro copernicano en el discurso de Rajoy. El presidente del PP lleva semanas visitando círculos ecuestres y cámaras de empresarios en Cataluña, con intervenciones en las que ha evitado referirse explícitamente al Estatut… y aguantando críticas por ello. Tras hacerse pública la decisión del Constitucional, el líder de la oposición ha apelado al consenso, a mirar al futuro y a recuperar los pactos de la Transición. Con unas formas muy distintas a las de 2006.


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    ¿Y por qué ese giro? Quizá por la misma razón que apuntábamos cuando hablábamos del nuevo papel del PNV como auxiliar del Gobierno, por la misma razón que Durán i Lleida ha querido erigirse en la figura política clave para la salida de la crisis. Porque el próximo otoño, en Cataluña, se celebran elecciones autonómicas, y las encuestas pronostican que CiU recupera el voto perdido por el tripartito en su desgaste. En ese cálculo [y a falta de sondeos post-sentencia] cuadra el giro del Partido Popular.


    Encuesta de La Vanguardia (marzo 2010)



    Si a todo esto le sumamos la aceptación de un Pacto por la Energía con el Gobierno y la disposición a alcanzar acuerdos en materia de legislación laboral, componemos el cuadro con el que el Partido Popular quiere ganar las próximas elecciones generales. Cataluña elige a 47 de los 350 diputados del Congreso: tradicionalmente, los que deciden si en La Moncloa vive un presidente socialista o un presidente popular. Si el PP de Rajoy consigue cultivar una imagen de partido moderado entre los electores catalanes [algo que tendría más fácil colocando a varios consellers en un futuro gobierno de Artur Mas], estaría cimentando una hipotética victoria en 2012. Aunque este panorama nos deja tres dudas… Si Montilla deja la Generalitat, ¿seguirá siendo Zapatero un enemigo para CiU? Si a Rajoy le sale bien la “Operación Mas“, ¿habrá una “Operación Urkullu“? ¿Y el Gobierno? ¿No se trataba, hace sólo días, de hacer caer al Gobierno cuanto antes?


    Cora Abertnethie cree que su hermano Richard ha sido asesinado, y se lo dice al resto de la familia, así como de pasada, durante el velatorio del difunto. Imaginen el revuelo entre las plañideras, los comentarios entre los parientes. Con este potente argumento comienza la novela “Después del funeral”, de Agatha Christie, y bien parece que la escritora británica hubiese estado pensando en los Presupuestos Generales del Estado español para el próximo año 2011.


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    En el caso español, el difunto se llamaba José Luis Rodríguez Zapatero, el funeral se había oficiado en un enclave simbólico [el Congreso de los Diputados] y se había ejecutado en dos tiempos [el debate sobre las medidas anti-déficit y el debate sobre la reforma laboral]. Pero decimos bien: el difunto ya no es tal difunto. El Partido Nacionalista Vasco, después de participar en el sepelio, de arrojar su puñado de arena sobre el ataúd del Gobierno, ha metido el brazo hasta el fondo de la fosa para recuperar el cadáver. Íñigo Urkullu ofrece al presidente pactar los próximos presupuestos, con todo lo que eso significa… que es mucho.

    El pacto de gobernabilidad [palabra maldita] alcanzado en Euskadi por el PSE y el PP convirtió a los nacionalistas vascos, por primera vez en democracia, en el principal partido de la oposición en Vitoria. Desde la primavera de 2009, la formación de Urkullu se ha movido en Madrid, de forma pendular, entre la crítica acerada a Zapatero y el apoyo puntual, en ocasiones clave, a ciertas medidas del Ejecutivo. Pero ha llegado el funeral, las elecciones catalanas están a la vista, y Convergéncia i Uniò ha dejado claro que dejará caer al presidente del Gobierno en otoño, momento para el que la coalición se ve de nuevo en el Palau de la Generalitat.

    Ante este panorama, Urkullu ha decidido jugar todas sus cartas en el Congreso de los Diputados. Un hipotético apoyo de los seis diputados del Grupo Vasco a los presupuestos dejaría al PSOE a sólo un escaño de la mayoría absoluta, convertiría al PNV en socio estratégico de Zapatero en la segunda mitad de la legislatura, facilitaría un futuro pacto de gobierno con Patxi López en Vitoria y les haría presentarse en Euskadi como los verdaderos hombres de Estado. Ser quienes tragan sapos y resucitan a muertos con tal de beneficiar a la ciudadanía. Quizá era todo esto lo que Zapatero tenía en mente el pasado miércoles cuando se enfrentaba a Rajoy desde su escaño…


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    Como cuenta Fernando Garea en El País, “los diputados socialistas necesitaban una alegría”. El muerto parecía haber resucitado ante sus ojos, en principio gracias al oxígeno insuflado por el PNV. Ahora cabe recordar al señor Urkullu que, en “Después del funeral”, Cora Abernethie no consigue resolver el asesinato de su hermano. Todo lo contrario. Cora es, a su vez, asesinada en las primeras páginas del libro… y la familia se ve obligada a hacer… lo que hacen todas las familias en todas las novelas de Christie: llamar a un tal Hércules Poirot. Un hombre con fama de dandy, gusto refinado, de habla parsimoniosa, bien vestido, suave en las formas y duro en el fondo. ¿Les suena?