Tras la política

Mariano Rajoy en el Congreso de los Diputados (AP / Paul White)

Mariano Rajoy en el Congreso de los Diputados (AP / Paul White)



Da la casualidad de que, andando el tiempo, el Partido Popular tenía razón en parte de las cosas que decía sobre el Estatuto de Cataluña. El PP recurrió 114 artículos del texto en 2006, el Tribunal Constitucional le ha dado la razón completa en 14, y la razón de forma parcial en 27. Pero tras cuatro años de deliberaciones, casi nadie recuerda el fondo de los argumentos de Mariano Rajoy: se recuerdan las recogidas de firmas, los exabruptos, el “se rompe España“. En definitiva, las formas.


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Ya tenemos fallo, y con él ha llegado la culminación de un giro copernicano en el discurso de Rajoy. El presidente del PP lleva semanas visitando círculos ecuestres y cámaras de empresarios en Cataluña, con intervenciones en las que ha evitado referirse explícitamente al Estatut… y aguantando críticas por ello. Tras hacerse pública la decisión del Constitucional, el líder de la oposición ha apelado al consenso, a mirar al futuro y a recuperar los pactos de la Transición. Con unas formas muy distintas a las de 2006.


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¿Y por qué ese giro? Quizá por la misma razón que apuntábamos cuando hablábamos del nuevo papel del PNV como auxiliar del Gobierno, por la misma razón que Durán i Lleida ha querido erigirse en la figura política clave para la salida de la crisis. Porque el próximo otoño, en Cataluña, se celebran elecciones autonómicas, y las encuestas pronostican que CiU recupera el voto perdido por el tripartito en su desgaste. En ese cálculo [y a falta de sondeos post-sentencia] cuadra el giro del Partido Popular.


Encuesta de La Vanguardia (marzo 2010)



Si a todo esto le sumamos la aceptación de un Pacto por la Energía con el Gobierno y la disposición a alcanzar acuerdos en materia de legislación laboral, componemos el cuadro con el que el Partido Popular quiere ganar las próximas elecciones generales. Cataluña elige a 47 de los 350 diputados del Congreso: tradicionalmente, los que deciden si en La Moncloa vive un presidente socialista o un presidente popular. Si el PP de Rajoy consigue cultivar una imagen de partido moderado entre los electores catalanes [algo que tendría más fácil colocando a varios consellers en un futuro gobierno de Artur Mas], estaría cimentando una hipotética victoria en 2012. Aunque este panorama nos deja tres dudas… Si Montilla deja la Generalitat, ¿seguirá siendo Zapatero un enemigo para CiU? Si a Rajoy le sale bien la “Operación Mas“, ¿habrá una “Operación Urkullu“? ¿Y el Gobierno? ¿No se trataba, hace sólo días, de hacer caer al Gobierno cuanto antes?


Cora Abertnethie cree que su hermano Richard ha sido asesinado, y se lo dice al resto de la familia, así como de pasada, durante el velatorio del difunto. Imaginen el revuelo entre las plañideras, los comentarios entre los parientes. Con este potente argumento comienza la novela “Después del funeral”, de Agatha Christie, y bien parece que la escritora británica hubiese estado pensando en los Presupuestos Generales del Estado español para el próximo año 2011.


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En el caso español, el difunto se llamaba José Luis Rodríguez Zapatero, el funeral se había oficiado en un enclave simbólico [el Congreso de los Diputados] y se había ejecutado en dos tiempos [el debate sobre las medidas anti-déficit y el debate sobre la reforma laboral]. Pero decimos bien: el difunto ya no es tal difunto. El Partido Nacionalista Vasco, después de participar en el sepelio, de arrojar su puñado de arena sobre el ataúd del Gobierno, ha metido el brazo hasta el fondo de la fosa para recuperar el cadáver. Íñigo Urkullu ofrece al presidente pactar los próximos presupuestos, con todo lo que eso significa… que es mucho.

El pacto de gobernabilidad [palabra maldita] alcanzado en Euskadi por el PSE y el PP convirtió a los nacionalistas vascos, por primera vez en democracia, en el principal partido de la oposición en Vitoria. Desde la primavera de 2009, la formación de Urkullu se ha movido en Madrid, de forma pendular, entre la crítica acerada a Zapatero y el apoyo puntual, en ocasiones clave, a ciertas medidas del Ejecutivo. Pero ha llegado el funeral, las elecciones catalanas están a la vista, y Convergéncia i Uniò ha dejado claro que dejará caer al presidente del Gobierno en otoño, momento para el que la coalición se ve de nuevo en el Palau de la Generalitat.

Ante este panorama, Urkullu ha decidido jugar todas sus cartas en el Congreso de los Diputados. Un hipotético apoyo de los seis diputados del Grupo Vasco a los presupuestos dejaría al PSOE a sólo un escaño de la mayoría absoluta, convertiría al PNV en socio estratégico de Zapatero en la segunda mitad de la legislatura, facilitaría un futuro pacto de gobierno con Patxi López en Vitoria y les haría presentarse en Euskadi como los verdaderos hombres de Estado. Ser quienes tragan sapos y resucitan a muertos con tal de beneficiar a la ciudadanía. Quizá era todo esto lo que Zapatero tenía en mente el pasado miércoles cuando se enfrentaba a Rajoy desde su escaño…


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Como cuenta Fernando Garea en El País, “los diputados socialistas necesitaban una alegría”. El muerto parecía haber resucitado ante sus ojos, en principio gracias al oxígeno insuflado por el PNV. Ahora cabe recordar al señor Urkullu que, en “Después del funeral”, Cora Abernethie no consigue resolver el asesinato de su hermano. Todo lo contrario. Cora es, a su vez, asesinada en las primeras páginas del libro… y la familia se ve obligada a hacer… lo que hacen todas las familias en todas las novelas de Christie: llamar a un tal Hércules Poirot. Un hombre con fama de dandy, gusto refinado, de habla parsimoniosa, bien vestido, suave en las formas y duro en el fondo. ¿Les suena?


Todos los portavoces parlamentarios estaban exaltados; incluso Duran i Lleida, tracionalmente sosegado, endureció las formas y el fondo de su argumentación. Pero allí había un político tranquilo, que subió a la tribuna sin levantar el tono de voz más de lo necesario, con unos argumentos tan criticables como sólidos. Era 12 de mayo y el parlamento respondía a las medidas anti-déficit del Gobierno.


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Joan Herrera es el portavoz de Iniciativa per Catalunya-Verds en la Cámara Baja desde las elecciones de 2004, y ha anunciado que dejará el parlamento en septiembre para dedicarse plenamente a las próximas elecciones catalanas. Hasta hoy, tanto él como Gaspar Llamazares han forzado la mano del Gobierno para aplicar la Ley de la Memoria Histórica, que su grupo contribuyó a redactar; ambos dieron un importante “sí” a la nueva legislación sobre el aborto, estuvieron a la vanguardia de los matrimonios homosexuales, y han contribuido a impulsar algún que otro presupuesto de Rodríguez Zapatero. Cuando el PSOE ha preferido aprobar leyes con la derecha nacionalista, han protestado por la deriva gubernamental, pero cuando el PSOE ha necesitado apoyos para las reformas progresistas, ellos han estado allí.


Encuesta publicada por El Mundo (30-05-2010)



El Gobierno socialista acaba de ejecutar un profundo recorte social, y todas las encuestas publicadas desde que lo anunció indican que se ha alejado de su electorado tradicional. En cambio esos sondeos, que disminuyen el poderío electoral del PSOE hasta en 9 puntos, sólo incrementan las posibilidades de Izquierda Unida en 1,4 puntos. ¿Qué ocurre para que el electorado progresista no mire a la formación de Cayo Lara cuando no coincide con Zapatero? En las Elecciones Generales de 2008, Izquierda Unida e Iniciativa consiguieron casi un millón de votos, el 3,77 por ciento de los sufragios válidos emitidos, y eso se tradujo en dos escaños. Con un porcentaje menor, y con casi un tercio menos de apoyos, Convergéncia i Uniò conseguía 10 diputados. ¿Son suficientes los vericuetos de la ley d’Hont para explicar por qué IU no crece en representación?

Quizá no, porque en los comicios de 1996… la formación liderada entonces por Julio Anguita llegó a conseguir 21 diputados con un 10 por ciento de los votos. Exactamente el mismo porcentaje que Iniciativa obtuvo en las últimas elecciones catalanas. Cabe preguntarse si el mensaje ecosocialista de ICV cala mejor en Cataluña que en el resto de España, cabe preguntarse si ese mensaje es también el que abandera Izquierda Unida, cabe preguntarse si el liderazgo de Anguita no ha podido reeditarse con Francisco Frutos, Gaspar Llamazares o Cayo Lara [aún se recuerda su "rectificación" sobre Sabino Fernández Campo]. La izquierda debería preguntarse por qué su llegada al poder depende de la abstención, y si no serían necesarias más iniciativas claras y unitarias como la propuesta fiscal de la semana pasada. Todo para conseguir lo que a los partidos conservadores no les preocupa nada, porque no les afecta: para conseguir que todo el que piensa como ellos les otorgue su voto.


Rodríguez Zapatero y Salgado en el Congreso de los Diputados (AP / Paul White)



Con la cara colorada, con las orejas llenas de la palabra “elecciones”… pero con una victoria legislativa en el bolsillo. José Luis Rodríguez Zapatero abandonó ayer el Congreso de los Diputados tras haber convalidado el decreto-ley con los duros recortes sociales impuestos por los agentes económicos internacionales. Y lo hizo sabiendo que está solo, que ya no va a estar acompañado parlamentariamente, y que eso va a ser así hasta que los electores volvamos a pasar por las urnas. Sea en 2012, en 2011 o en 2010.


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Josep Antoni Duran i Lleida se ha convertido en la figura clave de la estabilidad política del país. La decisión de los convergentes -su abstención en la votación del decreto- ha evitado el derrumbe del Gobierno y ha situado en manos de Duran la próxima convocatoria electoral. Todo queda bien explicado tras examinar el próximo calendario electoral. Los comicios autonómicos catalanes están fijados para otoño, justo para la época en la que serán negociados en el Congreso los Presupuestos Generales del Estado para el año 2011: así que el resultado que arrojen las urnas permitirá a CiU ser más o menos indulgente con el Gobierno de Madrid. Una victoria de Artur Mas por mayoría absoluta ofrecerá unas posibilidades… y una victoria por mayoría simple que abra la puerta a otro tripartito dibujará otro escenario completamente distinto.

¿Pero qué ha ocurrido hasta el día de hoy? ¿Qué ha pasado para que el proyecto político del partido más votado de España haya quedado en manos de un grupo parlamentario de 10 diputados? Hay que volver atrás dos años. En abril de 2008, Rodríguez Zapatero se convirtió en el segundo presidente del Gobierno de la democracia que llegaba al cargo sin el apoyo de la mayoría absoluta del Congreso. El primero fue Leopoldo Calvo-Sotelo, que no pasó por las urnas. Fue decisión personal del líder socialista quedarse en la llamada “geometría variable”, y no buscar apoyos externos al PSOE ni para la investidura… ni para la legislatura. En esos momentos, como recordábamos hace unos días, Duran i Lleida ofreció las fuerzas de CiU para incorporarse a un hipotético ejecutivo, y también la izquierda parlamentaria se hizo querer a los ojos de Zapatero.



El Gobierno aplaude en el Congreso de los Diputados (AP / Paul White)

El Gobierno aplaude en el Congreso de los Diputados (AP / Paul White)



No quiso apoyos. Legítimamente, decidió gobernar en solitario y buscar pactos puntuales según las materias que se presentasen en el camino. Los presupuestos de 2010, los que ahora se han recortado drásticamente, salieron adelante gracias al PNV; la Ley del Aborto, uno de los avances sociales de la legislatura, fue aprobada con el impulso de la izquierda; la Ley de Extranjería ha contado con el aval de CiU. Pero en el momento crucial de la crisis, en el momento del tijeretazo, el PSOE estaba solo. Dice la teoría militar que la táctica busca un resultado concreto en un momento determinado, y que la estrategia se centra en la consecución de objetivos a más largo plazo. Rodríguez Zapatero se ha volcado durante los últimos dos años en sacar adelante sus tácticas… pero no parece haber solucionado su principal error estratégico: no contar con mayoría absoluta estructural en el Congreso para los momentos difíciles. Por eso el futuro del quinto presidente del Gobierno de la democracia depende de un grupo de 10 diputados.


Los últimos gobiernos de concentración que tuvo España se formaron en 1936 y 1937, en plena Guerra Civil. Desde entonces, el país no ha atravesado nunca una situación tan delicada como para que todos los partidos se vean obligados a formar parte del mismo gabinete. No hizo falta en los difíciles momentos de la Transición, no hizo falta en la etapa de mayor debilidad de Felipe González… y era impensable tras el mayor ataque terrorista cometido en nuestro suelo. Sin embargo, a un hombre tradicionalmente considerado como ecuánime, al político mejor valorado por los españoles, Josep Antoni Duran i Lleida, le parece que ha llegado el momento de otro gobierno de concentración.


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El artículo 101 de la Constitución asegura que “el Gobierno cesa tras la celebración de elecciones generales, en los casos de pérdida de la confianza parlamentaria [...] o por dimisión o fallecimiento de su Presidente”. La vicepresidenta De la Vega ha descartado ya un adelanto electoral, así que la propuesta de Duran sería viable sólo a través de una moción de censura. Es un mecanismo de emergencia que necesita el respaldo de la mayoría absoluta del Congreso y que debe llevar aparejada la propuesta de un presidente del Gobierno alternativo. El Partido Popular tiene 153 diputados; si consigue sumar los 10 de Convergència i Unió y los 6 del Partido Nacionalista Vasco… la “vía Duran” habrá surtido efecto. ¿Pero quién sería el presidente alternativo?



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Duran i Lleida nació en Huesca, y comenzó su carrera política como diputado en el Congreso y como teniente de alcalde en Lleida. Con su llegada a la presidencia de Unió Democràtica de Catalunya en 1987 volvió a centrarse en la realidad catalana, pero desde las negociaciones de CiU con el PP en 1996, parece llamado a ser ministro. El propio político ha reconocido en su blog que José María Aznar le ofreció la cartera de Asuntos Exteriores en su primer gabinete, y cuando Rodríguez Zapatero ganó las elecciones sin mayoría absoluta en 2004… la posibilidad volvió a materializarse. Incluso en 2008, tras la tumultuosa negociación del Estatut, Duran barajaba la idea de que CiU llegase al Consejo de Ministros.

Durante su entrevista en Onda Cero, el líder de Uniò proponía un gobierno presidido por una personalidad aceptable por los dos grandes partidos, que evidentemente no fuese Zapatero ni Rajoy. Luis María Ansón, hace sólo unos días, sugería que Duran fuese esa personalidad porque la situación es insostenible; casualmente, hace un año, proponía exactamente lo mismo para “afrontar la crisis y la inestabilidad”. Todo esto puede resultar un mero ejercicio intelectual, ciertamente avalado por la legislación, pero a veces el sentido común debería sobreponerse a la teoría. El PSOE fue avalado por más de 11 millones de votos hace apenas dos años; el Partido Popular recibió más de 10. Todo lo que no sea refrendado por las urnas puede ser legal, puede ser legítimo… pero puede no ser prudente.