Tras la política

¿Qué puede pasar en un año? ¿Cuánto puede diferenciarse un político de sí mismo en un período de 12 meses? No hace falta esperar ese tiempo para responder a la pregunta. Hace ahora cuatro años, Zapatero pronunciaba aquellas palabras que pesarían como una losa sobre su mandato: “Dentro de un año estaremos mejor que hoy“; al día siguiente, ETA volaba la T4. Un año. ¿Cuánto pueden cambiar un político y su programa en un año?

Políticas sociales. Tras ganar las elecciones de marzo de 2008, Zapatero modificó su eslogan de 2004. Dijo… “Gobernaré para todos, pero pensando en los que no tienen de todo”. No dudamos que lo siga haciendo, pero el rescate del euro en el mes de mayo acabó de un plumazo con un buen ramillete de sus políticas sociales. Pensionistas, funcionarios, parados, pagadores de impuestos en general… todos sufren ya las consecuencias de la nueva política: acabar con el déficit “me cueste lo que me cueste”. En principio, una huelga general.

La relación con el mundo. 2009 terminaba con las esperanzas puestas en la presidencia rotatoria del Consejo Europeo que debía desempeñar España durante el primer semestre de 2010. Fue un período ciertamente anodino, en el que convivimos con un presidente permanente sin ninguna sustancia, y en el que ni siquiera la visita de Obama pudo endulzar el panorama. Ya en otoño, las revelaciones de Wikileaks constataban los verdaderos esfuerzos del Estado español para superar diplomáticamente nuestra salida de Irak.

La composición del Gobierno. El 20 de octubre, el presidente del Gobierno anunciaba la composición del que sería su ‘gabinete más político’, con Alfredo Pérez Rubalcaba como hombre fuerte… en sustitución de una mujer fuerte, María Teresa Fernández de la Vega. Las ministras más discutidas, Aído y Corredor, pasaban a ser secretarias de Estado. Salía Miguel Ángel Moratinos y salía Celestino Corbacho, entraban Ramón Jáuregui, Leire Pajín o Rosa Aguilar.

El mapa autonómico. Si en 2009 se perdía uno de los hitos de la ‘era Zapatero’, que Galicia estuviese gobernada por un socialista, en 2010 acabó el sueño del tripartito en Cataluña. Artur Mas ganaba las elecciones autonómicas en noviembre y devolvía la Generalitat a CiU. A menos de un año para las elecciones municipales y autonómicas, el líder de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, ponía en duda el liderazgo de Zapatero batiendo en primarias a Trinidad Jiménez, candidata del aparato.

La fuerza de Fomento. Como estaba previsto, los kilómetros de AVE han seguido creciendo y las inversiones en infraestructuras siguen resistiéndose por la crisis. El ministro José Blanco, ‘mirlo Blanco’ del Ejecutivo en 2009, ha mostrado su puño de hierro sin guante de seda en el conflicto con los controladores aéreos, quizá la única muestra de firmeza del Gobierno en muchos meses.

‘Ley antidescargas’. Hace un año no conocíamos aún muchos detalles del proyecto legislativo del Gobierno. Ni siquiera adivinábamos la pésima política comunicativa que se aplicaría a todo el asunto. Hoy, las disposiciones que preveían la entrada en vigor de la ‘Ley Sinde’ han sido ‘podadas’ de la Ley de Economía Sostenible por la comisión de Economía del Congreso, y el Ejecutivo vuelve a verse forzado, in extremis, a una negociación en la que lleva las de perder.

Con este panorama político, quizá sea mejor para el Gobierno mirar hacia delante… que lamentarse por “un pasado que murió”, como canta Raphael. Entramos en el último año de legislatura. Abróchense los cinturones.


Imagen de previsualización de YouTube


No hace ni siquiera dos meses. El 17 de septiembre, una noticia política de primera magnitud pasó fugazmente por las portadas de los medios de comunicación: el Gobierno había destituido a Belén Barreiro, la directora de la principal institución demoscópica del país, cuando quedaba sólo un año y medio para el final de la legislatura. Y cuando el Partido Popular sacaba su mayor ventaja en voto decidido al Partido Socialista en el barómetro electoral que elabora todos los meses el Centro de Investigaciones Sociológicas. Hoy, ni siquiera dos meses después, la vicepresidenta que decretó el cese ya no forma parte del Ejecutivo, y Barreiro analiza en la prensa los barómetros electorales que publica el centro para el que trabajó.

Su última reflexión es particularmente interesante. En un artículo corto y bien argumentado, la ex directora del CIS -que ahora dirige el Laboratorio de Ideas de la Fundación Alternativas- asegura que, a luz del Barómetro de Octubre, que otorga una amplia ventaja electoral a Mariano Rajoy sobre Jose Luis Rodríguez Zapatero, es muy difícil asegurar que será el PP quien gane las Elecciones Generales de 2012. Y ofrece tres argumentos: que Rajoy no supera en valoración a Zapatero, que los socialistas son percibidos como mejores gestores en la mayor parte de las áreas políticas y que el electorado considera que el Partido Popular se está alejando del centro para ‘derechizarse’. Por estos motivos, Belén Barreiro nos invita a desconfiar de la primera encuesta preelectoral elaborada sin su supervisión. Y no parece un capricho.

La serie histórica del CIS, examinada en perspectiva, no deja lugar a dudas. Los barómetros han venido ofreciendo una información bastante acertada sobre la tendencia electoral de los españoles, pero ni mucho menos han acertado en los porcentajes. De hecho, tras la celebración de los comicios, puede apreciarse cómo las diferencias se ajustan, resituando en el mapa a los partidos que se han comportado de una manera ‘inesperada’ en las urnas. Como las referencias a las elecciones del año 2004 suelen ser polémicas, nos quedamos con las de 2008. El Barómetro de Enero otorgaba al PSOE una ventaja electoral de 1,5 puntos; tras los comicios, que Zapatero ganó por 3 puntos, la brecha se amplía hasta los 6 puntos… a favor de los socialistas, que cosecharon una victoria mayor que la esperada.

Pero lo mismo ocurrió en 1996 o en 2000. ¿Nos podemos fiar entonces del CIS? Y lo que es más importante. ¿Nos podemos fiar de las encuestas privadas que los periódicos imprimen a cinco columnas? El pasado mes de mayo, tras el recorte del día 12, El Mundo vaticinaba que Rajoy ganaría unas hipotéticas Elecciones Generales con una mayoría absoluta más amplia que la de Aznar; hace unos días, La Vanguardia jugaba con el mismo elemento para asegurar que el PP ‘rozaba’ esa mayoría absoluta, y la última edición del Pulsómetro de la Cadena SER, la de la primera semana de noviembre, reflejaba cierto cambio de tendencia en la opinión pública que ‘resucitaba’ al Gobierno. Mención aparte merece la errata de La Razón, que asegura que el PSOE ha perdido ’34 millones de votos’. Son encuestas que intentan fotografiar momentos, que intentan captar qué piensan los españoles.

Los barómetros del CIS siempre acaban siendo objeto de controversia política. Si favorecen a la oposición, esta los airea como pruebas de su éxito, mientras que el Gobierno musita aquello de que ‘la verdadera encuesta es la que se responde en las urnas’; por el contrario, si los porcentajes favorecen al partido en el poder, la oposición apelará a la llamada ‘cocina del CIS’, que responde al efecto estadístico que diferencia la intención directa de voto decidido… de la estimación de voto en unas Elecciones Generales. Quizá todo este soufflé se rebajase con la modificación de un Real Decreto: el 1214/1997, que a su vez modifica al 1526/1990. Son los textos que establecen que el director del CIS sea elegido por el Consejo de Ministros y no por una mayoría reforzada del Parlamento. Quizá convenga ayudar, por la vía legislativa, a que nuestras instituciones gocen de más prestigio.


Aguirre, Rajoy y Gallardón celebran su victoria en 2007 (AP / Daniel Ochoa de Olza)



Parece que ha pasado mucho tiempo desde el 27 de mayo de 2007, pero sólo han transcurrido tres años y medio. Ese domingo de finales de primavera, mucho antes de que nos azotaran la crisis económica o la Gripe A, Mariano Rajoy se asomó al balcón de la calle Génova para celebrar su primera victoria electoral a nivel nacional como líder del Partido Popular. Ganó a Rodríguez Zapatero por 156.000 votos, se declaró preparado para recuperar el Palacio de la Moncloa en 2008, y aquella noche alzó las manos de sus dos baluartes, de dos vencedores hasta ahora imbatibles en Madrid: Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón. En el Partido Socialista faltaban sólo unos días para la dimisión de los perdedores.

La elaboración de las listas del PP para las generales de 2008, que la derecha perdió, ha dejado claro que la batalla por la capital no es ya un asunto local o autonómico. El número 7 de la Puerta del Sol se ha convertido en un verdadero centro de poder nacional. La presidenta Aguirre presionó a Rajoy para que el alcalde Gallardón no tuviese un escaño en el Congreso, y han sido las desavenencias entre las facciones que ambos lideran las que han hecho tambalearse los cimientos del partido. Para Ferraz, perder Madrid sistemáticamente desde 1991 se ha convertido en una rémora: es el único feudo socialista de los ochenta que el PSOE no ha conseguido recuperar en las urnas, y las derrotas encadenadas -que también cosechan en las generales- le impiden contar con mayorías holgadas en el Parlamento.

En mayo de 2011, los madrileños tienen una nueva cita con las urnas. El Partido Popular volverá a apostar por Aguirre y Gallardón, mientras que el Partido Socialista aún no sabe por quién tiene que hacerlo. Frente al Secretario General del PSM, Tomás Gómez, el presidente Zapatero ha lanzado la candidatura de una estrecha colaboradora que siempre ha acudido a su llamada: la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez. Desde hace semanas, los dos precandidatos protagonizan cruces de declaraciones en los medios de comunicación con un alto calado político: que si tú eres la candidata del aparato, que si tú eres el candidato de la derecha, que si te han puesto a dedo, que si no despegas en las encuestas…


Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.



Partiendo de estos hechos, el asunto puede analizarse desde dos perspectivas: la electoral y la verdaderamente importante. Desde el punto de vista electoral, el PSOE llega a las urnas con un historial dramático. Desde la desaparición de la escena madrileña de Joaquín Leguina y Juan Barranco [ex presidente y ex alcalde], los socialistas no han superado el umbral del 40 por ciento de votos. De hecho, en 2007, Miguel Sebastián y Rafael Simancas se quedaron bastante más cerca del 30 que del 40. Es decir, sólo 3 de cada 10 electores madrileños se decantan por el Partido Socialista cuando acuden a votar, mientras que más de la mitad de quienes votan lo hacen por el Partido Popular.

Pero esto no es lo importante. Lo realmente importante no es que el PSOE, tras dos décadas de declive electoral, se decida por las primarias para elegir a sus cabezas de lista; ni siquiera que las primarias hayan sido forzadas por un enfrentamiento en el seno del partido. Lo importante es que el debate entre los precandidatos se produzca en los términos en que se está produciendo. El argumento principal de Trinidad Jiménez es que, según las encuestas, ella es quien tiene más posibilidades de “vencer a la derecha”; el argumento principal de Tomás Gómez es que lleva trabajando tres años al frente de un partido que ha tenido que reconstruir. Encuestas contra aparato. Ni políticas, ni propuestas ni alternativas al Partido Popular. Quienes tendrán que ir a las urnas en mayo no han escuchado aún qué quieren hacer los precandidatos con Madrid: sólo ven sonrisas, apretones de manos, visitas a pueblos remotos… y estrenos de páginas web.



Imagen de previsualización de YouTube


El Partido Socialista recuperó el proceso de primarias en su congreso de 1997, y lo utilizó al año siguiente en la elección de su candidato para la Presidencia del Gobierno. Joaquín Almunia y Josep Borrell fueron también, como hoy, el candidato oficialista y el candidato renovador. En aquellos días, con el Partido Popular recién llegado al Gobierno y las huellas de Felipe González aún frescas, el PSOE abrió una puerta a la democracia interna que se ha ido cerrando con el paso de los años. En las municipales de 1999 y 2003, la victoria de los candidatos oficialistas en las primarias dio paso a que en 2007… ni siquiera se celebrasen. De cómo evolucione la batalla estéril de Gómez y Jiménez depende que las primarias resuciten o que queden enterradas por una tonelada de encuestas.


Ana Oramas

Ana Oramas en su despacho del Congreso / Fotos y vídeo: Julio Albarrán



Para comenzar la primera entrevista de este “enfoque” político podríamos haber elegido un entrecomillado o una pequeña biografía del personaje. No. Sabemos que internet es sinónimo de inmediatez, y de hecho no es necesario ver completo el siguiente vídeo para comprender el artículo, pero con un poco de paciencia se puede disfrutar, durante nueve minutos, de la sonrisa de una mujer.


Por favor, active Javascript y Flash para poder ver el vídeo Blip.tv.

Si hay una palabra que destaca en este largo vídeo introductorio es la palabra “feliz”, pero la felicidad de Ana Oramas, la portavoz parlamentaria de Coalición Canaria en el Congreso de los Diputados, se convierte en gravedad cuando responde sobre su responsabilidad política. Hace sólo dos semanas, la abstención de su partido junto a CiU en la votación del decreto anti-déficit fue clave para que saliera adelante, y aquello resultó decisivo para formar la opinión que mantiene hoy sobre el presidente del Gobierno.


Por favor, active Javascript y Flash para poder ver el vídeo Blip.tv.

La sensación que transmite Oramas, la de esas elecciones que muchos dan por descontadas, parecía inevitable el pasado 27 de mayo, en el pleno clave de las medidas contra el déficit. Y la intrahistoria, desde los escaños del Grupo Mixto… no tiene desperdicio.


Por favor, active Javascript y Flash para poder ver el vídeo Blip.tv.

La ex alcaldesa de La Laguna continúa perteneciendo a la dirección de su partido en Canarias, y eso le obliga a mantener una estrecha relación con el Partido Popular de las islas, que forma parte del gobierno autonómico de Paulino Rivero. Sin embargo, pide que establezcamos muy claramente la diferencia entre la política insular y la nacional. Se nota en su opinión sobre la cúpula de la calle Génova.


Por favor, active Javascript y Flash para poder ver el vídeo Blip.tv.

Coalición Canaria recibió en 2008 casi 175.000 votos, fue la tercera fuerza política en las islas Canarias por detrás de socialistas y populares… y en los botones de los escaños de sus dos diputados ha descansado el futuro de la economía española. O eso dice quien sostiene que algo tan intangible se decidió en el parlamento hace sólo dos semanas.


Un grupo de votantes esperan ante la urna el 9 de marzo de 2008 (AP / Israel L. Murillo)



El pasado viernes, un lector de Periodismo Humano decía en Facebook que no estaba “nada de acuerdo” con el post Tres respuestas para la derecha. En el artículo decíamos que, ante el panorama político actual, una de las salidas para el votante podía ser la abstención, y José Ignacio nos contaba por qué no opina igual: “Me parecen una lectura y unas conclusiones muy simples. En todas las votaciones he participado, nunca he votado nulo o blanco [...]. Tengo claro que el voto nulo o la abstención ayuda a gobernar, y el voto en blanco lo mismo, pero a quien no deseas”. Esta interesante observación, que agradecemos, nos ha llevado a una pregunta: ¿cómo se han comportado los abstencionistas desde la Transición?


Porcentaje de abstencionistas entre 1977 y 2008 (Fuente: Ministerio del Interior)



El gráfico que se encuentra sobre estas líneas muestra cómo ha evolucionado la abstención en España desde las primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco. Como se puede comprobar, en las llamadas “Elecciones Generales”, siempre ha votado un mínimo del 68 por ciento del electorado, y ese récord por abajo data de 1979, hace más de tres décadas. Otro dato interesante que podemos extraer del cuadro es la relación entre la evolución de la curva y las fechas. Los picos de abstención, las jornadas electorales en las que más votantes se han quedado en casa, coinciden siempre con comicios que han resultado poco determinantes para un cambio político.

En 1979, la victoria de la UCD de Adolfo Suárez se daba por descontada por su labor durante la Transición; en 1986 y 1989, nadie preveía una derrota del Partido Socialista de Felipe González, con amplio predicamento social; en 2000, la “legislatura de Aznar” condujo a la mayoría absoluta del Partido Popular, y esa victoria tampoco inquietó al electorado. Después están los puntos más bajos del gráfico, los momentos en los que la ciudadanía salió a votar masivamente: cabe destacar la primera victoria de la izquierda, en 1982, las dos elecciones consecutivas que acabaron con González, en 1993 y 1996, y el 14 de marzo de 2004: la llegada de Rodríguez Zapatero al Gobierno tras los atentados del 11-M. La excepción, las elecciones de 2008, que registraron una alta participación… que reforzó tanto al PSOE como al PP.

¿Y qué ocurre en Europa? La abstención española, más allá del aparente desapego de “lo político” que se percibe en la calle, está en la media de los países desarrollados de nuestro entorno, y es una media bastante alta. El pasado mes de mayo, el conservador David Cameron llegó al número 10 de Downing Street con un 35 por ciento de abstención. En Alemania y Grecia, la reválida de Merkel y la apuesta por Papandreu se produjeron en 2009 con una abstención del 30 por ciento. Portugal marca el récord a la baja con una participación del 60 por ciento en las últimas parlamentarias, y los países más participativos de los últimos años han sido Italia y Suecia, ambos por encima del 80 por ciento.

En marzo de 2008 la crisis económica aún no había estallado con toda su crudeza, pero los votantes se portaron. Una participación del 76 por ciento es uno de los mejores datos de Europa, a pesar de las evidentes carencias de nuestra clase política. Este capital de la democracia española, que mantenemos desde la Transición, puede estar en riesgo. De los líderes de los partidos depende que no se quiebre esa línea roja: en este caso, una gruesa línea roja.


Ya hemos repasado los gobiernos de izquierdas que quedan en Europa, ya sabemos por qué la izquierda no avanza en España. Quizá la pregunta sea ahora… por qué somos uno de los pocos países más desarrollados de Europa en los que no gobierna un partido conservador. Encontramos tres posibles respuestas. La primera puede llevar el nombre de un político que no logra consolidarse: Mariano Rajoy.


Imagen de previsualización de YouTube

El último barómetro del CIS, el correspondiente al pasado mes de abril, realiza su tradicional valoración de líderes políticos. Rajoy nunca ha conseguido despegar en la encuesta. Desde que ejerce la tarea de líder de la oposición no ha salido del suspenso, siempre por debajo del presidente del Gobierno. Incluso ahora, en el peor momento político de José Luis Rodríguez Zapatero. Ni la victoria del PP en las últimas elecciones gallegas ni su triunfo sobre los socialistas en las europeas de 2009 han mitigado la impresión de que el pontevedrés no lleva las riendas del partido. Y es que la segunda respuesta se llama “división interna”.


Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.



Así se pronunciaba Esperanza Aguirre en la primavera de 2008 ante la posibilidad de presentarse a la presidencia del Partido Popular. Porque si es cierto que Rajoy no goza del liderazgo carismático que requiere un partido, también lo es que en su casa no se lo han puesto fácil. Inmediatamente después de perder las elecciones, y tras una conversación de ascensor que marcaría muchos meses de la política nacional, dirigentes como Esperanza Aguirre o Juan Costa amenazaron con moverlo de su sillón presidencial. El argumento principal: que no generaba la ilusión que requiere una alternativa al proyecto de José Luis Rodríguez Zapatero. Sin embargo, llegó el congreso del Partido Popular y Rajoy fue reafirmado como líder de la formación. Desde entonces, la dirección está conformada a su medida… pero los expertos coinciden en que la división interna mata a la derecha.


Imagen de previsualización de YouTube

La tercera respuesta nace de la comparación del Partido Popular español con sus homólogos europeos. Alemania giró a la derecha con Merkel en septiembre de 2005, Francia se inclinó por Sarkozy en mayo de 2007, Berlusconi acabó con el paréntesis Prodi en 2008, Cameron se acaba de imponer al laborismo en Reino Unido, y todos ellos están llevando a cabo planes de ajuste del déficit muy parecidos a los de España y [con la excepción de Cameron] contrarios a sus promesas electorales. Sin embargo, los populares españoles no dejan de criticar a Rodríguez Zapatero por traicionar sus principios ideológicos.

La conclusión no es nada alentadora. La suma de este análisis con los dos anteriores, los que citábamos en el primer párrafo, dibuja un panorama desolador. El Gobierno no despierta confianza en la ciudadanía por sus continuas rectificaciones; la izquierda parlamentaria no consigue trasladar a la ciudadanía el mensaje “verde y rojo” que abandera en el resto de Europa; la derecha no aparece ante los ojos del electorado como una alternativa creíble al socialismo. Y este horizonte tiene, a su vez, tres salidas: una pasaría por que alguno de estos sectores asumiese su responsabilidad con el futuro del país; la segunda nos conduce a partidos políticos extremistas u oportunistas; la tercera… la tercera se llama abstención.


Rodríguez Zapatero y Salgado en el Congreso de los Diputados (AP / Paul White)



Con la cara colorada, con las orejas llenas de la palabra “elecciones”… pero con una victoria legislativa en el bolsillo. José Luis Rodríguez Zapatero abandonó ayer el Congreso de los Diputados tras haber convalidado el decreto-ley con los duros recortes sociales impuestos por los agentes económicos internacionales. Y lo hizo sabiendo que está solo, que ya no va a estar acompañado parlamentariamente, y que eso va a ser así hasta que los electores volvamos a pasar por las urnas. Sea en 2012, en 2011 o en 2010.


Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.



Josep Antoni Duran i Lleida se ha convertido en la figura clave de la estabilidad política del país. La decisión de los convergentes -su abstención en la votación del decreto- ha evitado el derrumbe del Gobierno y ha situado en manos de Duran la próxima convocatoria electoral. Todo queda bien explicado tras examinar el próximo calendario electoral. Los comicios autonómicos catalanes están fijados para otoño, justo para la época en la que serán negociados en el Congreso los Presupuestos Generales del Estado para el año 2011: así que el resultado que arrojen las urnas permitirá a CiU ser más o menos indulgente con el Gobierno de Madrid. Una victoria de Artur Mas por mayoría absoluta ofrecerá unas posibilidades… y una victoria por mayoría simple que abra la puerta a otro tripartito dibujará otro escenario completamente distinto.

¿Pero qué ha ocurrido hasta el día de hoy? ¿Qué ha pasado para que el proyecto político del partido más votado de España haya quedado en manos de un grupo parlamentario de 10 diputados? Hay que volver atrás dos años. En abril de 2008, Rodríguez Zapatero se convirtió en el segundo presidente del Gobierno de la democracia que llegaba al cargo sin el apoyo de la mayoría absoluta del Congreso. El primero fue Leopoldo Calvo-Sotelo, que no pasó por las urnas. Fue decisión personal del líder socialista quedarse en la llamada “geometría variable”, y no buscar apoyos externos al PSOE ni para la investidura… ni para la legislatura. En esos momentos, como recordábamos hace unos días, Duran i Lleida ofreció las fuerzas de CiU para incorporarse a un hipotético ejecutivo, y también la izquierda parlamentaria se hizo querer a los ojos de Zapatero.



El Gobierno aplaude en el Congreso de los Diputados (AP / Paul White)

El Gobierno aplaude en el Congreso de los Diputados (AP / Paul White)



No quiso apoyos. Legítimamente, decidió gobernar en solitario y buscar pactos puntuales según las materias que se presentasen en el camino. Los presupuestos de 2010, los que ahora se han recortado drásticamente, salieron adelante gracias al PNV; la Ley del Aborto, uno de los avances sociales de la legislatura, fue aprobada con el impulso de la izquierda; la Ley de Extranjería ha contado con el aval de CiU. Pero en el momento crucial de la crisis, en el momento del tijeretazo, el PSOE estaba solo. Dice la teoría militar que la táctica busca un resultado concreto en un momento determinado, y que la estrategia se centra en la consecución de objetivos a más largo plazo. Rodríguez Zapatero se ha volcado durante los últimos dos años en sacar adelante sus tácticas… pero no parece haber solucionado su principal error estratégico: no contar con mayoría absoluta estructural en el Congreso para los momentos difíciles. Por eso el futuro del quinto presidente del Gobierno de la democracia depende de un grupo de 10 diputados.


El 19 de abril de 1994 quedaba justamente un año para que José María Aznar saliera ileso de un atentado cometido por la banda terrorista ETA. Esa mañana, sin conocer lo que pasaría 365 días después, el entonces presidente del Partido Popular participaba en el Debate sobre el Estado de la Nación… y acuñaba una de las frases políticas por las que sería recordado: aquello de “váyase, señor González“.


Imagen de previsualización de YouTube

Más allá de la anécdota del momento político, que desató un bienio de dura oposición contra Felipe González, es interesante seguir el razonamiento de Aznar: no pide al presidente que disuelva las Cortes Generales y convoque elecciones, sino que dimita y proponga al rey un candidato de su propio partido. 2010. El portavoz del PP en el Senado, Pío García Escudero, se ha dirigido en unos términos bastante distintos al actual presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.


Imagen de previsualización de YouTube

El portavoz popular pide elecciones anticipadas. La Constitución de 1978, en su artículo 101, prevé claramente en qué cuatro circunstancias puede cesar un Gobierno: tras la convocatoria de unas elecciones, tras la pérdida de la confianza parlamentaria por parte del presidente, tras su dimisión o su fallecimiento. Descartando como improbables la cuarta y la segunda [a pesar de algún intento fallido], quedan dos hipótesis tan posibles como legítimas: que Zapatero disuelva las Cortes o que presente su dimisión al rey. Mientras Aznar elegía pedir la segunda opción a González en 1994, el PP de 2010 ha escogido la primera. Y no es una elección menor. La de 1994 supone respetar la voluntad popular en unas elecciones recién celebradas, y la de 2010 considera que han sucedido cosas que merecen un nuevo pronunciamiento en las urnas.

De todo lo que ha sucedido, de todo lo que el Gobierno ha rectificado en su política económica, del giro radical que ha ejecutado en los últimos 15 días ya habíamos hablado extensamente. El último capítulo se llama “endeudamiento de los ayuntamientos“, y tras la enésima rectificación del Gobierno en el Boletín Oficial del Estado, la vicepresidenta Elena Salgado ha asegurado con una sonrisa que se ha tratado de “un error”. Es la misma sonrisa, nótese en su voz, con la que aseguró hace unos meses que la inclusión de la ampliación de la edad de jubilación en un documento enviado a Bruselas era sólo… “una propuesta”.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.



No hay duda de que el currículo de Elena Salgado demuestra que es una mujer sobradamente preparada para la gestión pública, pero a la vicepresidenta económica de un estado europeo que atraviesa graves dificultades debería exigírsele seriedad. Sobre todo al plantear a la ciudadanía duros ajustes que afectan a su bienestar social. Necesitamos un Gobierno que, a la hora de hacer recortes, no sitúe las tijeras en torno a su propio cuello; y necesitamos una oposición que esté, no como hasta ahora, al lado de ese Gobierno para sacarnos de la crisis. Sin una alternativa seria, las elecciones anticipadas que pide el Partido Popular pueden compararse con apagar un fuego utilizando un buen chorro de gasolina.


Los últimos gobiernos de concentración que tuvo España se formaron en 1936 y 1937, en plena Guerra Civil. Desde entonces, el país no ha atravesado nunca una situación tan delicada como para que todos los partidos se vean obligados a formar parte del mismo gabinete. No hizo falta en los difíciles momentos de la Transición, no hizo falta en la etapa de mayor debilidad de Felipe González… y era impensable tras el mayor ataque terrorista cometido en nuestro suelo. Sin embargo, a un hombre tradicionalmente considerado como ecuánime, al político mejor valorado por los españoles, Josep Antoni Duran i Lleida, le parece que ha llegado el momento de otro gobierno de concentración.


Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.



El artículo 101 de la Constitución asegura que “el Gobierno cesa tras la celebración de elecciones generales, en los casos de pérdida de la confianza parlamentaria [...] o por dimisión o fallecimiento de su Presidente”. La vicepresidenta De la Vega ha descartado ya un adelanto electoral, así que la propuesta de Duran sería viable sólo a través de una moción de censura. Es un mecanismo de emergencia que necesita el respaldo de la mayoría absoluta del Congreso y que debe llevar aparejada la propuesta de un presidente del Gobierno alternativo. El Partido Popular tiene 153 diputados; si consigue sumar los 10 de Convergència i Unió y los 6 del Partido Nacionalista Vasco… la “vía Duran” habrá surtido efecto. ¿Pero quién sería el presidente alternativo?



Por favor, active Javascript y Flash para poder ver el vídeo Blip.tv.


Duran i Lleida nació en Huesca, y comenzó su carrera política como diputado en el Congreso y como teniente de alcalde en Lleida. Con su llegada a la presidencia de Unió Democràtica de Catalunya en 1987 volvió a centrarse en la realidad catalana, pero desde las negociaciones de CiU con el PP en 1996, parece llamado a ser ministro. El propio político ha reconocido en su blog que José María Aznar le ofreció la cartera de Asuntos Exteriores en su primer gabinete, y cuando Rodríguez Zapatero ganó las elecciones sin mayoría absoluta en 2004… la posibilidad volvió a materializarse. Incluso en 2008, tras la tumultuosa negociación del Estatut, Duran barajaba la idea de que CiU llegase al Consejo de Ministros.

Durante su entrevista en Onda Cero, el líder de Uniò proponía un gobierno presidido por una personalidad aceptable por los dos grandes partidos, que evidentemente no fuese Zapatero ni Rajoy. Luis María Ansón, hace sólo unos días, sugería que Duran fuese esa personalidad porque la situación es insostenible; casualmente, hace un año, proponía exactamente lo mismo para “afrontar la crisis y la inestabilidad”. Todo esto puede resultar un mero ejercicio intelectual, ciertamente avalado por la legislación, pero a veces el sentido común debería sobreponerse a la teoría. El PSOE fue avalado por más de 11 millones de votos hace apenas dos años; el Partido Popular recibió más de 10. Todo lo que no sea refrendado por las urnas puede ser legal, puede ser legítimo… pero puede no ser prudente.


Quedan 55 domingos para las próximas elecciones municipales y autonómicas. Poco más de un año. Varias decenas de domingos llenos de mítines, discursos para la parroquia y sonrisas ante las cámaras en mangas de camisa. Domingos en los que, como cada vez que se acerca el momento de las urnas, la palabra “inmigración” saltará de nuevo a los titulares de los periódicos. En los últimos dos años, con la llegada de cayucos relegada a las sombras mediáticas, los fenómenos migratorios han preocupado a los políticos en dos ocasiones muy concretas: y en las dos se jugaban su futuro electoral.

Imagen de previsualización de YouTube
Cuando faltaba muy poco para las elecciones del año 2008, Mariano Rajoy lanzó su idea estrella en materia de inmigración: un contrato “de integración” para que todo el que llegase de fuera respetase y adoptase las costumbres españolas. La propuesta fue muy criticada por el Partido Socialista, reforzada por un “no cabemos todos” de Rajoy y aliñada por alguna metedura de pata cometida por un miembro de la cúpula del PP. Pasados los comicios, la inmigración desapareció del foco público hasta 2010. Y eso a pesar de que el Gobierno socialista ha impulsado una reforma de la llamada “Ley de Extranjería”, que amplía el período de posible detención para los inmigrantes sin papeles. Por cierto, con el rechazo del PP.

Les invito a leer el próximo párrafo a ritmo de vallenato. Del vallenato compuesto para el candidato Mariano Rajoy en el invierno de 2008.


Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.



2010 comenzaba con una decisión muy polémica del alcalde de Vic, en Barcelona. Josep María Vila d’Abadal [CiU], con el apoyo de su gobierno [que incluye a PSC y ERC], decidió modificar las normas de empadronamiento para denunciar a los inmigrantes irregulares que intentasen registrarse. Tras un toque de atención por parte del Gobierno, la izquierda se ha descolgado de ese acuerdo inicial, y el alcalde convergente “sólo” denunciará a los inmigrantes que intenten empadronarse con documentos falsos. Sin embargo… hay más que Vic. En Llavaneres, la denuncia de indocumentados salió adelante sin mucha polémica; en Salt, se reforzó el cuerpo de policía tras una algarada vecinal contra la inmigración; en El Vendrell se denunciará a los inmigrantes con multas; e incluso en Torrejón de Ardoz, Madrid, se intentó otra reforma legal muy en la línea de todo lo anterior.

¿Un panorama desolador? Adéntrense en el siguiente párrafo a ritmo de merengue. Del merengue compuesto para el candidato Zapatero en el inverno de 2008.


Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.



Quedan 55 domingos para las municipales, pero queda muchísimo menos para las elecciones catalanas, que podrían celebrarse como muy tarde el próximo otoño. Hace sólo unas semanas pudimos ver a la candidata del PP a la Generalitat, Alicia Sánchez-Camacho, repartiendo folletos en la calle junto al candidato popular a la alcaldía de Badalona. Los papeles tenían como lema: “no queremos rumanos“. 24 horas después, Sánchez-Camacho se vio obligada a rectificar sobre la forma… pero no sobre el contenido. De hecho, quien repartía los folletos con ella… ha asegurado que “no ve prioritario” pedir perdón por asociar a todos los rumanos de Badalona con la delincuencia. Lo cierto es que el PP pedirá en el parlamento catalán que se aborde a nivel autonómico la denuncia de inmigrantes que intenten empadronarse, y que todas estas noticias alegran, y mucho, a un partido abiertamente xenófobo como Plataforma per Catalunya, que concurrirá a los comicios de otoño.

No cabe duda de que el panorama informativo está y estará marcado en los próximos meses por la economía. Sin embargo, como hoy mismo recordamos en Periodismo Humano, las elecciones municipales de 2011 incorporarán un importante caudal de votantes extranjeros a nuestras urnas… y eso puede provocar que los partidos replanteen sus estrategias. El catedrático de Opinión Pública y Comunicación Política de la Universidad Rey Juan Carlos, Víctor Sampedro, cree que les será muy complicado aprovecharse de la inmigración en un contexto económico tan difícil. “Ahora, aquellos que quieran ganar tendrán que dividir su discurso”, asegura. “El PSOE va a resaltar lo que se ha avanzado en los derechos electorales, mientras que el PP tendrá un doble discurso. En aquellas zonas donde vea rentable el discurso reaccionario respecto a la presencia de extranjeros… lo subrayará; además, vinculándolo como factor que agudiza la crisis económica. En las grandes ciudades, donde ese voto migrante les puede beneficiar, establecerá su otro discurso”. Quedan 55 domingos de discursos, y de vallenato, hasta la próxima gran jornada electoral.