Tras la política

¿Qué puede pasar en un año? ¿Cuánto puede diferenciarse un político de sí mismo en un período de 12 meses? No hace falta esperar ese tiempo para responder a la pregunta. Hace ahora cuatro años, Zapatero pronunciaba aquellas palabras que pesarían como una losa sobre su mandato: “Dentro de un año estaremos mejor que hoy“; al día siguiente, ETA volaba la T4. Un año. ¿Cuánto pueden cambiar un político y su programa en un año?

Políticas sociales. Tras ganar las elecciones de marzo de 2008, Zapatero modificó su eslogan de 2004. Dijo… “Gobernaré para todos, pero pensando en los que no tienen de todo”. No dudamos que lo siga haciendo, pero el rescate del euro en el mes de mayo acabó de un plumazo con un buen ramillete de sus políticas sociales. Pensionistas, funcionarios, parados, pagadores de impuestos en general… todos sufren ya las consecuencias de la nueva política: acabar con el déficit “me cueste lo que me cueste”. En principio, una huelga general.

La relación con el mundo. 2009 terminaba con las esperanzas puestas en la presidencia rotatoria del Consejo Europeo que debía desempeñar España durante el primer semestre de 2010. Fue un período ciertamente anodino, en el que convivimos con un presidente permanente sin ninguna sustancia, y en el que ni siquiera la visita de Obama pudo endulzar el panorama. Ya en otoño, las revelaciones de Wikileaks constataban los verdaderos esfuerzos del Estado español para superar diplomáticamente nuestra salida de Irak.

La composición del Gobierno. El 20 de octubre, el presidente del Gobierno anunciaba la composición del que sería su ‘gabinete más político’, con Alfredo Pérez Rubalcaba como hombre fuerte… en sustitución de una mujer fuerte, María Teresa Fernández de la Vega. Las ministras más discutidas, Aído y Corredor, pasaban a ser secretarias de Estado. Salía Miguel Ángel Moratinos y salía Celestino Corbacho, entraban Ramón Jáuregui, Leire Pajín o Rosa Aguilar.

El mapa autonómico. Si en 2009 se perdía uno de los hitos de la ‘era Zapatero’, que Galicia estuviese gobernada por un socialista, en 2010 acabó el sueño del tripartito en Cataluña. Artur Mas ganaba las elecciones autonómicas en noviembre y devolvía la Generalitat a CiU. A menos de un año para las elecciones municipales y autonómicas, el líder de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, ponía en duda el liderazgo de Zapatero batiendo en primarias a Trinidad Jiménez, candidata del aparato.

La fuerza de Fomento. Como estaba previsto, los kilómetros de AVE han seguido creciendo y las inversiones en infraestructuras siguen resistiéndose por la crisis. El ministro José Blanco, ‘mirlo Blanco’ del Ejecutivo en 2009, ha mostrado su puño de hierro sin guante de seda en el conflicto con los controladores aéreos, quizá la única muestra de firmeza del Gobierno en muchos meses.

‘Ley antidescargas’. Hace un año no conocíamos aún muchos detalles del proyecto legislativo del Gobierno. Ni siquiera adivinábamos la pésima política comunicativa que se aplicaría a todo el asunto. Hoy, las disposiciones que preveían la entrada en vigor de la ‘Ley Sinde’ han sido ‘podadas’ de la Ley de Economía Sostenible por la comisión de Economía del Congreso, y el Ejecutivo vuelve a verse forzado, in extremis, a una negociación en la que lleva las de perder.

Con este panorama político, quizá sea mejor para el Gobierno mirar hacia delante… que lamentarse por “un pasado que murió”, como canta Raphael. Entramos en el último año de legislatura. Abróchense los cinturones.


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El eurodiputado socialista, durante su entrevista con 'Periodismo Humano' (DAVID MARTOS)

El eurodiputado socialista, durante su entrevista con 'Periodismo Humano' (DAVID MARTOS)


Charlar sobre comunicación política con Enrique Guerrero [Valencia, 1948] es como hablar de fútbol con Guardiola: se le nota el oficio que aporta haber llegado hasta la cumbre desde la base de la pirámide. Es doctor en Ciencias Políticas, estudió en el prestigioso MIT de Massachussets, y ha ocupado puestos de diversa responsabilidad en la administración -pasando por una secretaría general, una jefatura de Gabinete o la Secretaría de Estado de Relaciones con las Cortes. Entre 1993 y 1996, vivió junto a Alfredo Pérez Rubalcaba en el Palacio de la Moncloa el ocaso del gobierno de Felipe González; entre 2004 y 2008 participó, como director adjunto del Gabinete de la Presidencia, la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero. El hoy eurodiputado socialista, antes de la primera pregunta, se queja de no contar con una voz potente para responder.

  • Pero… ¿qué es más importante? ¿Lo que se dice o cómo se dice?

Lo importante en el fondo es lo que se dice. Si uno no tiene algo que decir, es difícil que transmita a los demás. Pero cada vez es más importante cómo se dice, transmitir los mensajes con cercanía a la gente, porque la gente lo que anda buscando es que le interpreten aquellas cosas que no entiende de la vida, y en la medida en que se acerque uno a la vida real y lo haga de una manera simple y sencilla, es más fácil que a uno le escuchen. Hay un debate sobre quién comunica mejor, si la derecha o la izquierda, y hay una cierta tendencia a creer que la izquierda funciona con eslóganes, mientras que la derecha va directamente a los sentimientos, a veces a los malos sentimientos, a los miedos, y en ese sentido conecta mejor con ellos. Mientras, nosotros tendemos hacia un discurso un poquito más explicativo, elaborado, difícil.”

En suma, Guerrero reconoce que la izquierda puede aprender de la derecha a la hora de buscar la conexión con la gente, pero que debe permanecer en el terreno de la explicación, del análisis. Enseguida salta al primer plano de la conversación el papel de los medios de comunicación, y cómo los políticos han aprendido a emitir sus mensajes para que los periodistas no tengamos que digerirlos.

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El eurodiputado concluye que los medios buscan titulares “confrontativos” en vez de reflexiones sobre Educación o Sanidad. Pero hasta ahora hemos hablado de medios tradicionales; llegamos a los nuevos medios.

  • ¿Cómo es la relación de los políticos con los medios digitales?

“Se está produciendo una ampliación de la capacidad de comunicación política. Por ejemplo, a través del correo electrónico, que no es exactamente como las redes sociales, pero en fin, que es una manera de comunicación. En la última semana yo puedo haber recibido en mi correo del Parlamento Europeo, sin exagerar, 1.500 correos sobre el tema del Sáhara. Eso permite al responsable político pulsar hasta qué punto y en qué segmentos sociales hay una preocupación, un interés por un problema determinado. Y al mismo tiempo, al ciudadano le permite hacer llegar su interés en que se aborde el tema allí donde se ejerce la representación.”

Y sin embargo, Enrique Guerrero quiere dejar claro que existe una marcada brecha generacional entre los ciudadanos a la hora de utilizar las nuevas tecnologías para la comunicación directa con los políticos… o sobre política.

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Pulsión de cambio que, según él, suele coincidir con el final de una hegemonía política -como ocurrió en 2004 en España o en 2008 en Estados Unidos. Dice Guerrero que es muy difícil que eso ocurra en un país como el nuestro, con un sistema electoral que no favorece las mayorías absolutas -hegemonías-, pero que si se producen… hay una parte del espectro que sale claramente beneficiada.

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  • ¿Nos falta ensayar gobiernos de coalición para ser una democracia madura?

“Pues yo diría que sería una buena cosa que eso sucediera. Nosotros nunca hemos tenido un gobierno de coalición a nivel nacional, y sin embargo ha habido y hay gobiernos de coalición a nivel autonómico y en ayuntamientos. La razón fundamental es que el nivel de confrontación política que hay en España hace sumamente costoso en términos políticos, para el partido que tiene que apoyar al mayoritario, formar un gobierno de coalición. Es decir, aquí normalmente eso se hubiera hecho con partidos nacionalistas, que consideran, y con buenas razones, que con apoyos presupuestarios o apoyos parlamentarios pueden conseguir lo mismo sin exponerse al deterioro que supone formar parte del Gobierno. Los ciudadanos españoles están todavía habituados a ubicar toda la responsabilidad política en el Gobierno y en el cabeza de Gobierno. Pero, contestando a tu pregunta, creo que sería bueno que hubiera gobiernos de coalición porque convertiría e normal el diálogo político.”

  • Hablemos del círculo presidencial. ¿Existe el ‘Ala Oeste’ de La Moncloa?


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Uno de los ‘mantras políticos’ de un tiempo a esta parte es que el Gobierno tenía un problema de comunicación que Zapatero ha querido resolver con el último cambio de ministerios. Por eso preguntamos a Enrique Guerrero qué significa “comunicar bien” y cuáles son las implicaciones morales de la política comunicativa del Ejecutivo.

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  • ¿Cómo ha cambiado la comunicación desde su primera etapa en Moncloa?

“Ha cambiado mucho en muchas cosas, ¿no? Digamos que la primera generación socialista, con Felipe González a la cabeza, comunicativamente estaba todavía en la política clásica, en la argumentación, se preocupaba menos por el formato de lo que trataba de transmitir que por el contenido. Felipe González forma parte de ese fenómeno de la comunicación que consiste en que alguien te atiende y cree entenderte… aunque realmente, si luego le preguntas qué ha dicho el que comunicaba, no es fácil que te lo repita. La comunicación ahora es muy distinta porque tiene otros formatos. Una queja actual de los periodistas es que los políticos, cada vez más, no comunican sino que ‘entregan comunicación’. Es decir, formatean por sí mismos el mensaje que quieren que llegue a los ciudadanos y utiizan a los medios de comunicación en el primer sentido del concepto: no como comunicación, sino como medio. Y cada vez hay menos ruedas de prensa, cada vez hay menos debates propiamente dichos, cada vez hay menos pluralidad en quienes se acercan a los protagonistas políticos, etc.”

Guerrero vuelve a poner la pelota en el tejado de los medios para asegurar que también ellos son cada vez menos plurales, aunque más sofisticados en sus formas de comunicación. Por eso es interesante saber cómo se acercan los políticos a ese ecosistema tan complejo. Según el socialista, con “pragmatismo, masoquismo y cinismo”.

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Con la recta final de la entrevista, llegan las preguntas sobre la práctica diaria de la comunicación política. Asegura Guerrero que, los viernes por la mañana, y leyendo las portadas de los medios, el ministro portavoz “ya sabe qué le van a preguntar en la rueda posterior al Consejo de Ministros”. ¿Significa eso que dar una rueda de prensa sea sinónimo de convertirse en un frontón donde rebotan las preguntas de los periodistas?

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Regresamos al núcleo duro que rodea al presidente, y a esa eterna cuestión que se plantea sobre sus asesores. ¿Le dicen lo que quiere oír? ¿Son críticos con sus decisiones y le trasladan la opinión de la calle. En definitiva… ¿está solo un presidente del Gobierno en su tarea? Antes de contestar, Enrique Guerrero puntualiza que no se refiere a ningún presidente en particular.

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  • La última pregunta. ¿Puede sólo un cambio en la forma de comunicación remontar una situación preelectoral ciertamente adversa para el Partido Socialista?

“No. La comunicación por sí misma no cambia la realidad, pero sí la idea de que el Gobierno, a través de la comunicación, está dispuesto a enfrentarse seriamente con la realidad, a combatir esa idea predeterminada de que las elecciones de 2012 están ya decididas, y a tratar de movilizar al electorado socialista. En ese sentido, mientras que inicialmente mi respuesta ha sido ‘la comunicación, por sí sola, no cambia esto’… ‘la comunicación es necesaria e imprescindible para que se pongan en marcha los cambios que pueden cambiar esto’.”

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La entrevista con Enrique Guerrero es sólo la primera de una serie de conversaciones sobre comunicación política, con responsables de distintos partidos, que iremos publicando en Tras la Política durante las próximas semanas.


Al fondo, Alfredo Pérez Rubalcaba y su homólogo marroquí (AP / Daniel Ochoa de Olza)

Al fondo, Alfredo Pérez Rubalcaba y su homólogo marroquí (AP / Daniel Ochoa de Olza)


Era también noviembre. Corría el año 1975.

Jaime de Piniés estaba trabajando en su oficina [...] cuando sonó el teléfono. Eran las nueve de la noche del 11 de noviembre y hacía ya tiempo que el personal de la Embajada se había marchado. [...] El embajador descolgó. Al otro lado del hilo, Kurt Waldheim le pidió que fuera a verle. De Piniés subió a su coche y 15 minutos más tarde llegó al despacho del secretario general, en el piso 38 del edificio de Naciones Unidas. Waldheim fue directo al grano:

- Puesto que ya no resistís la presión y queréis marcharos del Sáhara, yo me haré cargo del territorio y lo llevaré a la autodeterminación. Sólo necesito que me dejéis provisionalmente un contingente militar de 10.000 legionarios a los que colocaríamos bajo bandera de la ONU.

Al español le pareció una idea magnífica. El secretario general le advirtió:

- Debemos evitar que el plan llegue a oídos del Gobierno marroquí, porque lo boicotearía, como ha hecho con otros anteriores.

El día 13, Waldheim entregó al embajador un documento, escrito en francés, en el que se detallaba su estrategia. Decía que España anunciaría su retirada del Sáhara en una fecha por determinar. La ONU asumiría entonces la administración del territorio por un período de seis meses. [...] Ese mismo día, De Piniés transmitió el documento al Ministerio de Asuntos Exteriores con carácter urgente. Pero el Gobierno no le prestó atención.”

Tomás Bárbulo. La historia prohibida del Sáhara Español

Muchos noviembres después, la descolonización del Sáhara sigue protagonizando las llamadas telefónicas entre los altos cargos del Gobierno español. El violento desalojo de un campamento a las afueras de El Aaiún por parte de Marruecos ha vuelto a poner en evidencia la responsabilidad histórica de España con el pueblo saharaui. Y si a esto le sumamos el fallecimiento de un ciudadano español y la expulsión de los medios de comunicación, puede acabar formándose ‘la tormenta perfecta’. Esta semana leíamos que en el Partido Socialista hay inquietud por el descrédito que le puede acarrear una posición tibia con respecto al Sáhara, y mucho más tras el comienzo de una remontada preelectoral que se había iniciado con el último cambio de Gobierno. Se impone una fotografía, una instantánea de los actores políticos españoles implicados en esta crisis.

    • Trinidad Jiménez. Sólo hace tres semanas que Jiménez fue nombrada ministra de Asuntos Exteriores, pero… ¿alguien recuerda ya su buena gestión como ministra de Sanidad? La política ha heredado el traje de Moratinos en un momento muy complicado, de equilibrios diplomáticos finísimos, y ya ha comenzado a recibir un trato de la oposición completamente diferente al que recibía.
  • Este mes de noviembre, con el Sáhara presente en los titulares, escuchamos hablar de los medios de comunicación, de que el Gobierno está “secuestrado moralmente por Marruecos” y de conservar la amistad del país vecino en pos de una buena relación estratégica. Pero de los saharauis nadie se ocupa. Ni el partido que desatendió sus peticiones durante ocho años de Gobierno… ni el presidente que prometió avances en su situación en los seis primeros meses de mandato. ¿Habrá en 2010 algún Jaime de Piniés, trabajando en algún despacho, esperando a que suene su teléfono?


    Alfredo Pérez Rubalcaba entra en la cúpula del Gobierno (AP / Daniel Ochoa de Olza)

    Alfredo Pérez Rubalcaba entra en la cúpula del Gobierno (AP / Daniel Ochoa de Olza)



    Déjenme que les hable de una coincidencia…

    Un día de abril del año 2000, hace ya más de una década, Mariano Rajoy entró de lleno en la carrera por la sucesión de José María Aznar. Tras la victoria del PP por mayoría absoluta, el presidente reorganizó su gabinete para otorgar a Rajoy el máximo protagonismo político, el trampolín hacia la sucesión. Quien había sido ministro de Administraciones Públicas y Educación se iba a convertir en Vicepresidente Primero, en la mano derecha del inquilino de La Moncloa. En los años siguientes, Rajoy acabaría pasando por Interior, asumiría el Ministerio de la Presidencia… e incluso la portavocía, con alguna intervención memorable.

    Poco después de las ocho de esta mañana, la Cadena SER ha desvelado que Zapatero iba a realizar este miércoles una remodelación profunda de su Gobierno. Y antes de conocer más nombres, ha saltado el cambio estrella: Alfredo Pérez Rubalcaba será Vicepresidente Primero del Gobierno y Ministro Portavoz. ¿Les suena el esquema? Un hombre que conoce al dedillo la administración, que ha sido ministro de Educación y ministro del Interior. El líder socialista sitúa en lo más alto del escalafón al ministro mejor valorado, justo cuando el Gobierno necesitaba una mejor imagen para llegar a 2012.

    Dos hombres, Rajoy y Rubalcaba, con muchas coincidencias en su vida política, que acaban ocupando el mismo puesto con una década de diferencia. Rajoy sucedió a José María Aznar al frente del Partido Popular… y atraviesa ya su segunda legislatura en la oposición. Rubalcaba suena, y suena, y suena… como sucesor de Zapatero.



    Déjenme que les hable de una ministra…

    Elena Salgado es la única ministra que se mantiene en el Gobierno de Zapatero desde abril de 2004. Hoy ha sobrevivido a la remodelación gubernamental más amplia desde ese día, y justo en la jornada en que se aprueba el endurecimiento de un proyecto que ella alumbró en Sanidad: la Ley Antitabaco. El presidente ha eliminado Vivienda, ha eliminado Igualdad, se deshace de María Teresa Fernández de la Vega… pero por ese mismo precio no ha tocado Economía. Se refuerza así el mensaje anticrisis, pero se refuerza también a Salgado.



    Déjenme que les hable de una ex ministra…

    María Teresa Fernández de la Vega sale del Gobierno tras figurar como una de las ministras mejor valoradas de los últimos siete años. Sin embargo, la coordinación interna del Ejecutivo ha dejado mucho que desear, sus compromisos con la Función Pública han quedado en nada tras la crisis, y el cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica no acaba de despegar. Sus funciones al frente de la Portavocía del Gobierno tampoco eran ya lo que fueron. ¿Cuál será el futuro de la primera mujer que presidió un Consejo de Ministros?



    Déjenme que les hable de un miedo…

    Decíamos hace unos días que las organizaciones ecologistas echaban de menos la etapa de Cristina Narbona al frente del Ministerio de Medio Ambiente. Unas ganas y unas políticas que quedaron enterradas bajo la discreción de Elena Espinosa. La llegada de Rosa Aguilar al Gobierno central, tras un triple salto mortal desde la alcaldía de Córdoba y pasando por la Junta de Andalucía, vuelve a poner al ministerio en primera línea comunicativa de combate. ¿Qué ha pesado más para esta decisión: la nostalgia o el temor a la aparición de una opción electoral ecologista?



    Déjenme que les hable del futuro…

    Todo lo anterior se refiere a la estrategia electoral del Partido Socialista y de Zapatero de cara a 2012. ¿Habrá llegado finalmente el momento de pensar en los ciudadanos y en su salida de la crisis, con más derechos y con menos precariedad?


    Protesta de agentes de la Guardia Civil ante Interior, el mes pasado (AP / Víctor R. Caivano)

    Protesta de agentes de la Guardia Civil ante Interior, el mes pasado (AP / Víctor R. Caivano)



    Hace menos de un mes, cientos de guardias civiles se concentraron ante el edificio del ministerio del Interior. En pleno centro de Madrid, y algunos de uniforme, los agentes pidieron al ministro mejoras salariales y laborales. Los medios de comunicación mostraron a los manifestantes haciendo sonar sus silbatos, coreando sus consignas: en definitiva, haciendo “legítimo ruido”. Y sin embargo, la Constitución prevé otra forma de hacer ruido, mucho más silenciosa en la forma, a la que los medios no solemos prestar atención


    Una Ley orgánica regulará la institución del Defensor del Pueblo, como alto comisionado de las Cortes Generales, designado por éstas para la defensa de los derechos comprendidos en este Título, a cuyo efecto podrá supervisar la actividad de la Administración [...]



    Este texto pertenece al artículo 54 de la Constitución, que introduce en el ordenamiento jurídico de nuestra democracia la figura del Ombudsman sueco, un mediador entre la población y las administraciones. Sus competencias, explicadas brevemente en la página web de la institución, no dejan lugar a dudas: es una figura que el legislador consideró como importante, facultada incluso para plantear recursos en el Tribunal Constitucional… y permanentemente ignorada en la vida política española.

    A principios del pasado verano, un veterano socialista abandonó el cargo de Defensor del Pueblo tras una década en ejercicio. Enrique Múgica, clave para el ascenso a la Secretaría General del PSOE de Felipe González, envuelto en alguna polémica relacionada con el golpe de Estado del 23-F, dejaba la institución en manos de su adjunta, María Luisa Cava de Llano, tras un mandato muy discutido. Y la polémica no ha terminado con la salida de Múgica, porque la nueva Defensora del Pueblo lo es “en funciones”: los partidos no han conseguido ponerse de acuerdo en un nombre para la sucesión.

    Pero volvamos a los guardias civiles. Este mes de septiembre, mientras los agentes se manifestaban en la calle, llegaba al Congreso de los Diputados el informe anual del Defensor del Pueblo (PDF). Recoge todas las quejas que han llegado a la institución, cuáles han sido atendidas y cuáles han sido rechazadas. En la página 32 del resumen enviado a los medios, en el apartado dedicado a las “quejas colectivas“, se puede leer un resumen de las más significativas. Y la primera es muy llamativa: “125 miembros de la Benemérita manifiestan su desacuerdo con el hecho de que la Cruz de Plata de la Orden del Mérito de la Guardia Civil no lleve aparejada pensión”.

    125 agentes de la Guardia Civil son los impulsores de una queja “planteada por un número significativo de ciudadanos”, y si comparamos esa cifra con la que se vio en la concentración… encontraremos la diferencia entre la importancia simbólica que se concede a las manifestaciones y la que se presta al Defensor del Pueblo. En el documento se recoge también la iniciativa de “107 ciudadanos”, que plantean una queja sobre el Eje Atlántico de Alta Velocidad; que “225 ciudadanos dan traslado de un manifiesto en defensa de la escuela infantil”; o que “5.511 vecinos de Ajo (Cantabria) plantean su queja la orden de derribo de un establecimiento de hostelería de la localidad”.

    Dice el informe que, en 2009, fueron planteadas 22.287 quejas por parte de 79.386 ciudadanos que “depositaron su confianza en el Defensor del Pueblo”. Si utilizamos los datos del Instituto Nacional de Estadística, 46.666.421 españoles no tuvimos razones para quejarnos durante el año pasado.


    Alfredo Perez Rubalcaba tras el atentado de Mallorca en 2009 (AP / Manu Mielniezuk)

    Son tantas las detenciones que corremos el riesgo de perder la cuenta. Mikel Kabikoitz Carrera Sarobe, que iba a cumplir 38 años la semana que viene, ha sido arrestado este jueves en Bayona: es el jefe militar de ETA. La policía gala, al parecer tras la intervención de una conversación telefónica por parte del CNI, lo ha localizado cuando se encontraba reunido con el hombre más buscado por Francia. Se llama Arkaitz Agirregabiria, tiene 27 años, y es el único identificado tras el asesinato de un gendarme en las cercanías de París: el primer agente francés que cayó a manos de la banda. Han sido detenidos, por tanto, y según el ministro del Interior, el número uno de ETA y quien estaba destinado a tomar el relevo.

    Perder la cuenta. La cuenta, desde que comenzó la legislatura, es ya una cuenta muy larga. La cada vez más intensa colaboración de los gobiernos español y francés se ha materializado en la desarticulación de seis cúpulas etarras. Y no parecen detenciones simbólicas, porque con ellas se ha localizado a los responsables de los principales atentados cometidos por ETA desde la ruptura del alto el fuego en diciembre de 2006. Ibon Gogeaskoetxea [detenido en febrero] ordenó los asesinatos de Isaías Carrasco e Ignacio Uría; Aitziol Iriondo [localizado en diciembre de 2008] fue el supuesto ejecutor de las muertes de Capbretón y quien proporcionó el coche bomba que acabó con la vida de Juan Manuel Piñuel; Igor Portu, Martín Sarasola y Mikel Sansebastián [ya juzgados por la Audiencia Nacional] son, según la policía, quienes reventaron la T4 y las posibilidades de la paz. Mikel Garikoitz Aspiazu “Txeroki”, [detenido hace año y medio] había ordenado ese atentado.

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    Son palabras de Alfredo Pérez Rubalcaba tras la detención de Iriondo, tres semanas después de la de “Txeroki”. Más allá del contenido meramente policial, su argumentación revela un importante trasfondo político: algo así como una infalibilidad de la labor de las Fuerzas de Seguridad… y por extensión de su labor como ministro. La eficacia en cuanto a la detención de terroristas ya era patente durante el mandato de José Antonio Alonso [2004-2006], pero los últimos cuatro años, roto el diálogo con ETA, han proporcionado al Gobierno un área de cierta tranquilidad política, muy distinta de la inestabilidad económica o la territorial. Son los cuatro años en los que ha estado al frente del departamento Rubalcaba, alguien muy discutido por la oposición, muy querido dentro de su partido, y el ministro mejor valorado por los ciudadanos según el último barómetro del CIS.

    Rubalcaba, responsable de la lucha contra el terrorismo y contra la siniestralidad en carretera [otro éxito del Gobierno], es ex ministro de Educación, ex portavoz del Gobierno, experto estratega electoral y, como hemos dicho, un gran activo en las encuestas. Hace unos meses, aseguró durante una entrevista que Rodríguez Zapatero será el candidato del PSOE en las elecciones de 2012; lo mismo dice José Blanco, el ministro de Fomento señalado por ciertos periódicos como portavoz “de facto” del Ejecutivo. Ambos son hombres del equipo que el presidente formó en los primeros 2000, ambos mirados con lupa de cara a una hipotética sucesión. Los dos, uno desde las sombras de la lucha callada contra ETA y otro desde las luces del impulso de la obra pública, avalados en su gestión por partidos de la oposición. Y de cara a ese hipotético futuro, una reflexión: sólo Rubalcaba ha permanecido ajeno [al menos públicamente] a los balbuceos económicos del Gobierno.