Tras la política

Elena Salgado atiende a los medios en Bruselas (AP / Yves Logghe)

Elena Salgado atiende a los medios en Bruselas (AP / Yves Logghe)



En enero de 2009, un vídeo de José Luis Rodríguez Zapatero se colaba en todos los informativos de radio y televisión, en todos los medios digitales. El presidente del Gobierno presentaba la página web del Plan E, un título bajo el que quiso agrupar todas las medidas contra la crisis del Consejo de Ministros, algo así como el hilo argumental necesario para justificar un desembolso multimillonario… fundamentalmente en materia de obras públicas.


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Zapatero no sólo ha paralizado la inversión en infraestructuras del Plan E: ha traicionado su ideario en materia social. En 2010, al contrario de lo que afirma en el vídeo, ni crecen los recursos para la dependencia, ni hay apoyo a la natalidad, ni suben las pensiones más bajas. Desde que los 27 pusieron en marcha un fondo para el rescate del euro, el pasado 9 de mayo, la inyección de capital público en las arterias de la economía ha pasado a mejor vida: la prioridad de la Unión Europea es luchar contra el déficit. Los gobiernos aseguran que si se reduce por debajo del 3 por ciento, la confianza regresará a los mercados. Y con ella el crédito, el empleo y el crecimiento.

Como decimos, no es una decisión aislada de España. Alemania quiere ahorrar 80.000 millones de euros entre 2011 y 2014, reduciendo sueldos públicos, inversiones federales… pero también recortando subsidios. El nuevo ministro de Finanzas del Reino Unido, durante el anuncio de su “presupuesto de emergencia“, ha citado también el salario de los funcionarios, ha introducido un impuesto para la banca, claro, pero no ha evitado recortar la política social: se reducen los permisos de maternidad y habrá menos personas clasificadas con discapacidad. En definitiva, el Estado de Bienestar se resiente. Pero para los ejecutivos, dejar de gastar en las personas no es suficiente. También quieren ingresar más.


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La vicepresidenta económica es la artífice de la subida del IVA que sufriremos desde la próxima semana, y las referencias de Elena Salgado a un “impuesto para los ricos” vienen ya de tiempo atrás, pero sus palabras en Onda Cero introducen un matiz nuevo: los presupuestos de 2011 pueden traer sorpresas. El objetivo principal es el déficit. Ante el reto de reducirlo, todo ingreso puede resultar útil a las arcas públicas. Incluso el que provenga de los impuestos de unos ciudadanos a los que… o bien se les ha congelado la pensión… o bien se les ha reducido el sueldo público… o se les ha retirado la ayuda a la maternidad…. o se les han paralizado los atrasos por la ayuda a la dependencia.

El periodista Javier Valenzuela, estrecho colaborador de Zapatero durante la legislatura de 2004, no se cansa de repetirlo. Los límites del déficit son “una” doctrina, la doctrina imperante, pero no la “única” doctrina. Una salida de la crisis basada en la reducción drástica y rápida del déficit es sólo una de las opciones al alcance de los gobiernos. La que imponen los mercados desregulados. Si España sale airosa de la crisis de 2008, Zapatero tendrá derecho a cobrar su crédito político, pero el daño infligido al tejido social será muy difícil de recuperar. La salida social a la crisis estaba siendo muy criticada por los mercados, nuestra deuda ha sufrido ataques, habíamos perdido la confianza de los inversores internacionales, pero… ¿y la confianza de los ciudadanos? Esa… ¿cómo se recupera?