Tras la política

Mariano Rajoy en el Congreso de los Diputados (AP / Paul White)

Mariano Rajoy en el Congreso de los Diputados (AP / Paul White)



Da la casualidad de que, andando el tiempo, el Partido Popular tenía razón en parte de las cosas que decía sobre el Estatuto de Cataluña. El PP recurrió 114 artículos del texto en 2006, el Tribunal Constitucional le ha dado la razón completa en 14, y la razón de forma parcial en 27. Pero tras cuatro años de deliberaciones, casi nadie recuerda el fondo de los argumentos de Mariano Rajoy: se recuerdan las recogidas de firmas, los exabruptos, el “se rompe España“. En definitiva, las formas.


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Ya tenemos fallo, y con él ha llegado la culminación de un giro copernicano en el discurso de Rajoy. El presidente del PP lleva semanas visitando círculos ecuestres y cámaras de empresarios en Cataluña, con intervenciones en las que ha evitado referirse explícitamente al Estatut… y aguantando críticas por ello. Tras hacerse pública la decisión del Constitucional, el líder de la oposición ha apelado al consenso, a mirar al futuro y a recuperar los pactos de la Transición. Con unas formas muy distintas a las de 2006.


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¿Y por qué ese giro? Quizá por la misma razón que apuntábamos cuando hablábamos del nuevo papel del PNV como auxiliar del Gobierno, por la misma razón que Durán i Lleida ha querido erigirse en la figura política clave para la salida de la crisis. Porque el próximo otoño, en Cataluña, se celebran elecciones autonómicas, y las encuestas pronostican que CiU recupera el voto perdido por el tripartito en su desgaste. En ese cálculo [y a falta de sondeos post-sentencia] cuadra el giro del Partido Popular.


Encuesta de La Vanguardia (marzo 2010)



Si a todo esto le sumamos la aceptación de un Pacto por la Energía con el Gobierno y la disposición a alcanzar acuerdos en materia de legislación laboral, componemos el cuadro con el que el Partido Popular quiere ganar las próximas elecciones generales. Cataluña elige a 47 de los 350 diputados del Congreso: tradicionalmente, los que deciden si en La Moncloa vive un presidente socialista o un presidente popular. Si el PP de Rajoy consigue cultivar una imagen de partido moderado entre los electores catalanes [algo que tendría más fácil colocando a varios consellers en un futuro gobierno de Artur Mas], estaría cimentando una hipotética victoria en 2012. Aunque este panorama nos deja tres dudas… Si Montilla deja la Generalitat, ¿seguirá siendo Zapatero un enemigo para CiU? Si a Rajoy le sale bien la “Operación Mas“, ¿habrá una “Operación Urkullu“? ¿Y el Gobierno? ¿No se trataba, hace sólo días, de hacer caer al Gobierno cuanto antes?


Cora Abertnethie cree que su hermano Richard ha sido asesinado, y se lo dice al resto de la familia, así como de pasada, durante el velatorio del difunto. Imaginen el revuelo entre las plañideras, los comentarios entre los parientes. Con este potente argumento comienza la novela “Después del funeral”, de Agatha Christie, y bien parece que la escritora británica hubiese estado pensando en los Presupuestos Generales del Estado español para el próximo año 2011.


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En el caso español, el difunto se llamaba José Luis Rodríguez Zapatero, el funeral se había oficiado en un enclave simbólico [el Congreso de los Diputados] y se había ejecutado en dos tiempos [el debate sobre las medidas anti-déficit y el debate sobre la reforma laboral]. Pero decimos bien: el difunto ya no es tal difunto. El Partido Nacionalista Vasco, después de participar en el sepelio, de arrojar su puñado de arena sobre el ataúd del Gobierno, ha metido el brazo hasta el fondo de la fosa para recuperar el cadáver. Íñigo Urkullu ofrece al presidente pactar los próximos presupuestos, con todo lo que eso significa… que es mucho.

El pacto de gobernabilidad [palabra maldita] alcanzado en Euskadi por el PSE y el PP convirtió a los nacionalistas vascos, por primera vez en democracia, en el principal partido de la oposición en Vitoria. Desde la primavera de 2009, la formación de Urkullu se ha movido en Madrid, de forma pendular, entre la crítica acerada a Zapatero y el apoyo puntual, en ocasiones clave, a ciertas medidas del Ejecutivo. Pero ha llegado el funeral, las elecciones catalanas están a la vista, y Convergéncia i Uniò ha dejado claro que dejará caer al presidente del Gobierno en otoño, momento para el que la coalición se ve de nuevo en el Palau de la Generalitat.

Ante este panorama, Urkullu ha decidido jugar todas sus cartas en el Congreso de los Diputados. Un hipotético apoyo de los seis diputados del Grupo Vasco a los presupuestos dejaría al PSOE a sólo un escaño de la mayoría absoluta, convertiría al PNV en socio estratégico de Zapatero en la segunda mitad de la legislatura, facilitaría un futuro pacto de gobierno con Patxi López en Vitoria y les haría presentarse en Euskadi como los verdaderos hombres de Estado. Ser quienes tragan sapos y resucitan a muertos con tal de beneficiar a la ciudadanía. Quizá era todo esto lo que Zapatero tenía en mente el pasado miércoles cuando se enfrentaba a Rajoy desde su escaño…


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Como cuenta Fernando Garea en El País, “los diputados socialistas necesitaban una alegría”. El muerto parecía haber resucitado ante sus ojos, en principio gracias al oxígeno insuflado por el PNV. Ahora cabe recordar al señor Urkullu que, en “Después del funeral”, Cora Abernethie no consigue resolver el asesinato de su hermano. Todo lo contrario. Cora es, a su vez, asesinada en las primeras páginas del libro… y la familia se ve obligada a hacer… lo que hacen todas las familias en todas las novelas de Christie: llamar a un tal Hércules Poirot. Un hombre con fama de dandy, gusto refinado, de habla parsimoniosa, bien vestido, suave en las formas y duro en el fondo. ¿Les suena?


Elena Salgado atiende a los medios en Bruselas (AP / Yves Logghe)

Elena Salgado atiende a los medios en Bruselas (AP / Yves Logghe)



En enero de 2009, un vídeo de José Luis Rodríguez Zapatero se colaba en todos los informativos de radio y televisión, en todos los medios digitales. El presidente del Gobierno presentaba la página web del Plan E, un título bajo el que quiso agrupar todas las medidas contra la crisis del Consejo de Ministros, algo así como el hilo argumental necesario para justificar un desembolso multimillonario… fundamentalmente en materia de obras públicas.


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Zapatero no sólo ha paralizado la inversión en infraestructuras del Plan E: ha traicionado su ideario en materia social. En 2010, al contrario de lo que afirma en el vídeo, ni crecen los recursos para la dependencia, ni hay apoyo a la natalidad, ni suben las pensiones más bajas. Desde que los 27 pusieron en marcha un fondo para el rescate del euro, el pasado 9 de mayo, la inyección de capital público en las arterias de la economía ha pasado a mejor vida: la prioridad de la Unión Europea es luchar contra el déficit. Los gobiernos aseguran que si se reduce por debajo del 3 por ciento, la confianza regresará a los mercados. Y con ella el crédito, el empleo y el crecimiento.

Como decimos, no es una decisión aislada de España. Alemania quiere ahorrar 80.000 millones de euros entre 2011 y 2014, reduciendo sueldos públicos, inversiones federales… pero también recortando subsidios. El nuevo ministro de Finanzas del Reino Unido, durante el anuncio de su “presupuesto de emergencia“, ha citado también el salario de los funcionarios, ha introducido un impuesto para la banca, claro, pero no ha evitado recortar la política social: se reducen los permisos de maternidad y habrá menos personas clasificadas con discapacidad. En definitiva, el Estado de Bienestar se resiente. Pero para los ejecutivos, dejar de gastar en las personas no es suficiente. También quieren ingresar más.


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La vicepresidenta económica es la artífice de la subida del IVA que sufriremos desde la próxima semana, y las referencias de Elena Salgado a un “impuesto para los ricos” vienen ya de tiempo atrás, pero sus palabras en Onda Cero introducen un matiz nuevo: los presupuestos de 2011 pueden traer sorpresas. El objetivo principal es el déficit. Ante el reto de reducirlo, todo ingreso puede resultar útil a las arcas públicas. Incluso el que provenga de los impuestos de unos ciudadanos a los que… o bien se les ha congelado la pensión… o bien se les ha reducido el sueldo público… o se les ha retirado la ayuda a la maternidad…. o se les han paralizado los atrasos por la ayuda a la dependencia.

El periodista Javier Valenzuela, estrecho colaborador de Zapatero durante la legislatura de 2004, no se cansa de repetirlo. Los límites del déficit son “una” doctrina, la doctrina imperante, pero no la “única” doctrina. Una salida de la crisis basada en la reducción drástica y rápida del déficit es sólo una de las opciones al alcance de los gobiernos. La que imponen los mercados desregulados. Si España sale airosa de la crisis de 2008, Zapatero tendrá derecho a cobrar su crédito político, pero el daño infligido al tejido social será muy difícil de recuperar. La salida social a la crisis estaba siendo muy criticada por los mercados, nuestra deuda ha sufrido ataques, habíamos perdido la confianza de los inversores internacionales, pero… ¿y la confianza de los ciudadanos? Esa… ¿cómo se recupera?


González y Zapatero

González y Zapatero durante un acto en el Congreso (Fuente: http://www.flickr.com/photos/psoe)



El 26 de junio de 1995, Felipe González viajó a Cannes para participar en la última cumbre europea bajo la presidencia de turno de Francia. España estaba a punto de tomar la alternativa en julio, y tendría que adoptar bajo su mandato decisiones tan importantes como el nombre que tendría la futura moneda única y la estrategia para desplegarla. Sin embargo, la crónica televisiva de aquel lunes de verano deja claro que la actualidad política española… siempre se cuela en las citas comunitarias.


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Convergéncia i Uniò nunca apoyó los presupuestos que elaboró Pedro Solbes. El Gobierno tuvo que prorrogar las cuentas públicas y convocó las elecciones que condujeron a José María Aznar a La Moncloa. Ahora, 15 años después, termina otra presidencia española de turno… con otro presidente en horas bajas… que también viaja a las reuniones comunitarias pendiente de que CiU convalide sus leyes. Aunque hay una diferencia importante: el semestre de turno no sólo no ha suavizado los frentes internos del Gobierno, sino que los ha complicado hasta hacerlos casi insostenibles.

En enero de 2010, Zapatero comenzaba presidencia y centraba las prioridades del período en la economía. Durante una charla con periodistas extranjeros, el presidente lanzó su “Estrategia 2020″, e inmediatamente desató las iras de Alemania. La posibilidad de ceder soberanía económica y de que se estableciesen sanciones para quienes se saltasen el Pacto de Estabilidad provocaron la protesta del gabinete Merkel. Irónicamente, el último Consejo Europeo ha aprobado esas sanciones con el respaldo de Alemania, y ha decidido que se publiquen las llamadas “pruebas de estrés” de los bancos, que no dejarán en buen lugar a las entidades financieras alemanas.

Una doble victoria española tras seis meses muy amargos: a las críticas iniciales de Alemania hay que sumar el desprecio de la Comisión Europea por la euroorden contra la violencia machista, los continuos rumores de nuestro rescate financiero, la eterna comparación con Grecia, el ataque especulativo contra el euro, la cancelación de la visita de Obama, y por supuesto, las medidas anti-déficit dictadas desde Bruselas. Todo ello, sumado al desgaste que ya arrastraba el gobierno de Zapatero. Al final del semestre, en un acto de partido, ante decenas de dirigentes socialistas, el encargado de consolar al presidente vapuleado ha sido su antecesor: aquel Felipe González que presidió Europa en 1995.


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Y acaba la presidencia, pero se quedan sus efectos. Rodríguez Zapatero vuelve a los frentes internos para enfrentarse al trámite parlamentario de una dura reforma laboral, a la culminación de las fusiones entre cajas y a unas semanas políticas muy complicadas. El Debate sobre el Estado de la Nación está fijado para el 14 de julio, los rumores sobre una reducción del Gobierno son insistentes, y a la vuelta del verano esperan los presupuestos. Sólo falta comprobar si CiU muestra a Mariano Rajoy la misma senda hacia La Moncloa… que ya le mostró a Aznar en 1995.


Ocurrió hace 22 años, vuelve a ocurrir hoy. Transcurridas más de dos décadas desde la huelga general de 1988, Nicolás Redondo recuerda cómo la decisión de que la Unión General de Trabajadores la secundara supuso una fractura ideológica. En aquellos días, un presidente del “partido hermano” ocupaba también el Palacio de la Moncloa.


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También hoy. La huelga general del próximo 29 de septiembre, convocada por los sindicatos antes de que el Gobierno apruebe su reforma laboral, ha sido anunciada casi con pesar. Con el gesto triste del padre que se obliga a castigar a su hijo para corregir un mal comportamiento. Del tono de Cándido Méndez se desprende una decepción personal, porque ve terminada la etapa con más “paz social” desde que accedió al liderazgo ‘ugetista’, en el ya algo lejano mes de abril de 1994.


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El discurso de Méndez nos deja, por tanto, dos reflexiones importantes: que el cambio del Gobierno le parece definitivo y que ha sido impuesto por Europa [“el guardagujas”]. Guardemos estos argumentos durante unas líneas para regresar atrás. Desde el año 78, las fuerzas sindicales han convocado cuatro huelgas generales de jornada completa [1985, 1988, 1994, 2002], una de media jornada [1992] y otra, simbólica, de sólo una hora de duración [1978]. De ellas, tan sólo dos son recordadas como hitos en la historia política de nuestro país: las que fueron concebidas con un claro objetivo por parte de los sindicatos, y que además fue conseguido gracias a la contundencia de los paros laborales.

Es cierto que la huelga del 94, en plena crisis económica, pudo ser una pieza más en el dominó que provocó la caída de Felipe González, pero no es menos cierto que el PSOE ignoró las exigencias de los sindicatos… y el empleo empezó a recuperarse a partir de entonces. Las huelgas verdaderamente trascendentes fueron las de 1988 y 2002. A finales de los ochenta, el ministro de Trabajo [que curiosamente se llamaba Manuel Chaves y que también hoy se sienta en el Consejo de Ministros] tuvo que retirar su Plan de Empleo Juvenil, después de que el país se quedara desierto un 14 de diciembre. A principios de los 2000, el ministro Juan Carlos Aparicio pagó con su puesto y con la retirada del llamado “decretazo” la sonora protesta en la calle del 20-J.

Las dos huelgas, con un claro objetivo; las dos, con una contundente oposición al Gobierno de turno, más o menos cercano en lo ideológico a las fuerzas sindicales. Atención, pues, en este contexto, a los argumentos de un ex Secretario General de Comisiones Obreras. Se le ha criticado su cercanía a Aznar, ha protagonizado buena parte de la historia sindical de los últimos años… y se llama José María Fidalgo.


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En resumen, las huelgas que los sindicatos han ganado, las que les han otorgado fuerza en la negociación, son las que han sido convocadas con claros objetivos y desde la contundencia. Recordemos los argumentos de Méndez: asume que el Gobierno no dará marcha atrás y que ha inclinado la cabeza ante Europa. La descafeinada huelga funcionarial del pasado 8 de junio, contra las medidas anti-déficit, ya contribuyó a que UGT y CCOO perdieran peso específico en el diálogo social. Si no cuidan su actuación de cara al 29-S, el disparo contra el pianista europeo [o en este caso contra el “guardagujas”] les puede salir por la culata. Y no olvidemos que detrás de las pancartas, quienes desfilan… son los trabajadores.


Ana Oramas

Ana Oramas en su despacho del Congreso / Fotos y vídeo: Julio Albarrán



Para comenzar la primera entrevista de este “enfoque” político podríamos haber elegido un entrecomillado o una pequeña biografía del personaje. No. Sabemos que internet es sinónimo de inmediatez, y de hecho no es necesario ver completo el siguiente vídeo para comprender el artículo, pero con un poco de paciencia se puede disfrutar, durante nueve minutos, de la sonrisa de una mujer.


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Si hay una palabra que destaca en este largo vídeo introductorio es la palabra “feliz”, pero la felicidad de Ana Oramas, la portavoz parlamentaria de Coalición Canaria en el Congreso de los Diputados, se convierte en gravedad cuando responde sobre su responsabilidad política. Hace sólo dos semanas, la abstención de su partido junto a CiU en la votación del decreto anti-déficit fue clave para que saliera adelante, y aquello resultó decisivo para formar la opinión que mantiene hoy sobre el presidente del Gobierno.


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La sensación que transmite Oramas, la de esas elecciones que muchos dan por descontadas, parecía inevitable el pasado 27 de mayo, en el pleno clave de las medidas contra el déficit. Y la intrahistoria, desde los escaños del Grupo Mixto… no tiene desperdicio.


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La ex alcaldesa de La Laguna continúa perteneciendo a la dirección de su partido en Canarias, y eso le obliga a mantener una estrecha relación con el Partido Popular de las islas, que forma parte del gobierno autonómico de Paulino Rivero. Sin embargo, pide que establezcamos muy claramente la diferencia entre la política insular y la nacional. Se nota en su opinión sobre la cúpula de la calle Génova.


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Coalición Canaria recibió en 2008 casi 175.000 votos, fue la tercera fuerza política en las islas Canarias por detrás de socialistas y populares… y en los botones de los escaños de sus dos diputados ha descansado el futuro de la economía española. O eso dice quien sostiene que algo tan intangible se decidió en el parlamento hace sólo dos semanas.


Un grupo de votantes esperan ante la urna el 9 de marzo de 2008 (AP / Israel L. Murillo)



El pasado viernes, un lector de Periodismo Humano decía en Facebook que no estaba “nada de acuerdo” con el post Tres respuestas para la derecha. En el artículo decíamos que, ante el panorama político actual, una de las salidas para el votante podía ser la abstención, y José Ignacio nos contaba por qué no opina igual: “Me parecen una lectura y unas conclusiones muy simples. En todas las votaciones he participado, nunca he votado nulo o blanco [...]. Tengo claro que el voto nulo o la abstención ayuda a gobernar, y el voto en blanco lo mismo, pero a quien no deseas”. Esta interesante observación, que agradecemos, nos ha llevado a una pregunta: ¿cómo se han comportado los abstencionistas desde la Transición?


Porcentaje de abstencionistas entre 1977 y 2008 (Fuente: Ministerio del Interior)



El gráfico que se encuentra sobre estas líneas muestra cómo ha evolucionado la abstención en España desde las primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco. Como se puede comprobar, en las llamadas “Elecciones Generales”, siempre ha votado un mínimo del 68 por ciento del electorado, y ese récord por abajo data de 1979, hace más de tres décadas. Otro dato interesante que podemos extraer del cuadro es la relación entre la evolución de la curva y las fechas. Los picos de abstención, las jornadas electorales en las que más votantes se han quedado en casa, coinciden siempre con comicios que han resultado poco determinantes para un cambio político.

En 1979, la victoria de la UCD de Adolfo Suárez se daba por descontada por su labor durante la Transición; en 1986 y 1989, nadie preveía una derrota del Partido Socialista de Felipe González, con amplio predicamento social; en 2000, la “legislatura de Aznar” condujo a la mayoría absoluta del Partido Popular, y esa victoria tampoco inquietó al electorado. Después están los puntos más bajos del gráfico, los momentos en los que la ciudadanía salió a votar masivamente: cabe destacar la primera victoria de la izquierda, en 1982, las dos elecciones consecutivas que acabaron con González, en 1993 y 1996, y el 14 de marzo de 2004: la llegada de Rodríguez Zapatero al Gobierno tras los atentados del 11-M. La excepción, las elecciones de 2008, que registraron una alta participación… que reforzó tanto al PSOE como al PP.

¿Y qué ocurre en Europa? La abstención española, más allá del aparente desapego de “lo político” que se percibe en la calle, está en la media de los países desarrollados de nuestro entorno, y es una media bastante alta. El pasado mes de mayo, el conservador David Cameron llegó al número 10 de Downing Street con un 35 por ciento de abstención. En Alemania y Grecia, la reválida de Merkel y la apuesta por Papandreu se produjeron en 2009 con una abstención del 30 por ciento. Portugal marca el récord a la baja con una participación del 60 por ciento en las últimas parlamentarias, y los países más participativos de los últimos años han sido Italia y Suecia, ambos por encima del 80 por ciento.

En marzo de 2008 la crisis económica aún no había estallado con toda su crudeza, pero los votantes se portaron. Una participación del 76 por ciento es uno de los mejores datos de Europa, a pesar de las evidentes carencias de nuestra clase política. Este capital de la democracia española, que mantenemos desde la Transición, puede estar en riesgo. De los líderes de los partidos depende que no se quiebre esa línea roja: en este caso, una gruesa línea roja.


Ya hemos repasado los gobiernos de izquierdas que quedan en Europa, ya sabemos por qué la izquierda no avanza en España. Quizá la pregunta sea ahora… por qué somos uno de los pocos países más desarrollados de Europa en los que no gobierna un partido conservador. Encontramos tres posibles respuestas. La primera puede llevar el nombre de un político que no logra consolidarse: Mariano Rajoy.


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El último barómetro del CIS, el correspondiente al pasado mes de abril, realiza su tradicional valoración de líderes políticos. Rajoy nunca ha conseguido despegar en la encuesta. Desde que ejerce la tarea de líder de la oposición no ha salido del suspenso, siempre por debajo del presidente del Gobierno. Incluso ahora, en el peor momento político de José Luis Rodríguez Zapatero. Ni la victoria del PP en las últimas elecciones gallegas ni su triunfo sobre los socialistas en las europeas de 2009 han mitigado la impresión de que el pontevedrés no lleva las riendas del partido. Y es que la segunda respuesta se llama “división interna”.


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Así se pronunciaba Esperanza Aguirre en la primavera de 2008 ante la posibilidad de presentarse a la presidencia del Partido Popular. Porque si es cierto que Rajoy no goza del liderazgo carismático que requiere un partido, también lo es que en su casa no se lo han puesto fácil. Inmediatamente después de perder las elecciones, y tras una conversación de ascensor que marcaría muchos meses de la política nacional, dirigentes como Esperanza Aguirre o Juan Costa amenazaron con moverlo de su sillón presidencial. El argumento principal: que no generaba la ilusión que requiere una alternativa al proyecto de José Luis Rodríguez Zapatero. Sin embargo, llegó el congreso del Partido Popular y Rajoy fue reafirmado como líder de la formación. Desde entonces, la dirección está conformada a su medida… pero los expertos coinciden en que la división interna mata a la derecha.


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La tercera respuesta nace de la comparación del Partido Popular español con sus homólogos europeos. Alemania giró a la derecha con Merkel en septiembre de 2005, Francia se inclinó por Sarkozy en mayo de 2007, Berlusconi acabó con el paréntesis Prodi en 2008, Cameron se acaba de imponer al laborismo en Reino Unido, y todos ellos están llevando a cabo planes de ajuste del déficit muy parecidos a los de España y [con la excepción de Cameron] contrarios a sus promesas electorales. Sin embargo, los populares españoles no dejan de criticar a Rodríguez Zapatero por traicionar sus principios ideológicos.

La conclusión no es nada alentadora. La suma de este análisis con los dos anteriores, los que citábamos en el primer párrafo, dibuja un panorama desolador. El Gobierno no despierta confianza en la ciudadanía por sus continuas rectificaciones; la izquierda parlamentaria no consigue trasladar a la ciudadanía el mensaje “verde y rojo” que abandera en el resto de Europa; la derecha no aparece ante los ojos del electorado como una alternativa creíble al socialismo. Y este horizonte tiene, a su vez, tres salidas: una pasaría por que alguno de estos sectores asumiese su responsabilidad con el futuro del país; la segunda nos conduce a partidos políticos extremistas u oportunistas; la tercera… la tercera se llama abstención.


Todos los portavoces parlamentarios estaban exaltados; incluso Duran i Lleida, tracionalmente sosegado, endureció las formas y el fondo de su argumentación. Pero allí había un político tranquilo, que subió a la tribuna sin levantar el tono de voz más de lo necesario, con unos argumentos tan criticables como sólidos. Era 12 de mayo y el parlamento respondía a las medidas anti-déficit del Gobierno.


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Joan Herrera es el portavoz de Iniciativa per Catalunya-Verds en la Cámara Baja desde las elecciones de 2004, y ha anunciado que dejará el parlamento en septiembre para dedicarse plenamente a las próximas elecciones catalanas. Hasta hoy, tanto él como Gaspar Llamazares han forzado la mano del Gobierno para aplicar la Ley de la Memoria Histórica, que su grupo contribuyó a redactar; ambos dieron un importante “sí” a la nueva legislación sobre el aborto, estuvieron a la vanguardia de los matrimonios homosexuales, y han contribuido a impulsar algún que otro presupuesto de Rodríguez Zapatero. Cuando el PSOE ha preferido aprobar leyes con la derecha nacionalista, han protestado por la deriva gubernamental, pero cuando el PSOE ha necesitado apoyos para las reformas progresistas, ellos han estado allí.


Encuesta publicada por El Mundo (30-05-2010)



El Gobierno socialista acaba de ejecutar un profundo recorte social, y todas las encuestas publicadas desde que lo anunció indican que se ha alejado de su electorado tradicional. En cambio esos sondeos, que disminuyen el poderío electoral del PSOE hasta en 9 puntos, sólo incrementan las posibilidades de Izquierda Unida en 1,4 puntos. ¿Qué ocurre para que el electorado progresista no mire a la formación de Cayo Lara cuando no coincide con Zapatero? En las Elecciones Generales de 2008, Izquierda Unida e Iniciativa consiguieron casi un millón de votos, el 3,77 por ciento de los sufragios válidos emitidos, y eso se tradujo en dos escaños. Con un porcentaje menor, y con casi un tercio menos de apoyos, Convergéncia i Uniò conseguía 10 diputados. ¿Son suficientes los vericuetos de la ley d’Hont para explicar por qué IU no crece en representación?

Quizá no, porque en los comicios de 1996… la formación liderada entonces por Julio Anguita llegó a conseguir 21 diputados con un 10 por ciento de los votos. Exactamente el mismo porcentaje que Iniciativa obtuvo en las últimas elecciones catalanas. Cabe preguntarse si el mensaje ecosocialista de ICV cala mejor en Cataluña que en el resto de España, cabe preguntarse si ese mensaje es también el que abandera Izquierda Unida, cabe preguntarse si el liderazgo de Anguita no ha podido reeditarse con Francisco Frutos, Gaspar Llamazares o Cayo Lara [aún se recuerda su "rectificación" sobre Sabino Fernández Campo]. La izquierda debería preguntarse por qué su llegada al poder depende de la abstención, y si no serían necesarias más iniciativas claras y unitarias como la propuesta fiscal de la semana pasada. Todo para conseguir lo que a los partidos conservadores no les preocupa nada, porque no les afecta: para conseguir que todo el que piensa como ellos les otorgue su voto.