Tras la política

Zapatero y Papandreu, en febrero, ante el número 10 de Downing Street (AP / Sang Tan)


Hacía frío en Londres. Era 19 de febrero, y el presidente Rodríguez Zapatero se había desplazado hasta la capital británica para sentir un poco de calor ideológico. Ese día se celebraba allí un foro político con líderes progresistas europeos, y no hicieron falta muchas sillas: estaban Zapatero, el británico Gordon Brown, el noruego Jens Stoltenberg y el griego Yorgos Papandreu; faltaban el portugués José Sócrates y el austriaco Werner Faymann. Con Brown derrotado, Faymann coaligado con el centro-derecha en la cancillería de Viena y Stoltenberg fuera de la Unión Europea, la izquierda comunitaria se reduce a España, Portugal y Grecia. Los tres países, bajo la lupa internacional.



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No son novedad las contradicciones del Gobierno sobre el diagnóstico de la situación económica, pero si comparamos el discurso que Zapatero pronunció en febrero con el que mantiene ahora, no sólo encontramos “contradicciones”. Es más que un cambio, es la asunción de que las políticas con las que intentó sacar a nuestro país de la crisis… no valen. Que es como decir que no valen las recetas de la socialdemocracia para tiempos de turbulencias económicas. El presidente había apostado por mantener intactas las políticas sociales, y fiar el recorte del gasto a la subida del IVA, a la disminución del gasto corriente y al recorte de las inversiones. Y así lo repitió la semana pasada en La Moncloa.


“¿Hay que reducir el déficit? Sí, al 3 por 100 en 2013. ¿Cuál es la condición? Que no impida el crecimiento económico. […] Si hubiéramos hecho un esfuerzo de reducción del déficit más fuerte, por ejemplo en 2010, ya le garantizo que no estaríamos en condiciones de crecer económicamente en este año, y sólo se crea empleo si se crece.”



Ya conocemos los argumentos del presidente para este giro ideológico, los ha expuesto claramente en el Congreso: las circunstancias han cambiado, los especuladores han acorralado al euro, y para defendernos debemos asegurar que los mercados estén muy tranquilos. Para ello, congelaremos la mayoría de las pensiones, eliminaremos las ayudas a la maternidad, reduciremos los sueldos a los empleados públicos, suprimiremos la retroactividad de las ayudas por dependencia o recortaremos la ayuda oficial al desarrollo. En otras palabras, Zapatero renuncia a buena parte de su crédito político en aras de mantener a los especuladores lejos de la economía española.

En Portugal, el primer ministro Sócrates renunció hace días a ejecutar una subida de impuestos. Ayer anunció una subida del IVA y del gravamen sobre la renta. La explicación nos suena: “el mundo ha cambiado en los últimos 15 días por el ataque especulativo contra las economías de la zona euro”. Pero Sócrates no es el símbolo de la izquierda europea; tampoco Papandreu, recién llegado al cargo y afanado en que su país no se desmorone. José Luis Rodríguez Zapatero, admirado durante su primera legislatura por las élites progresistas francesas o italianas, encarnaba el más importante referente de la izquierda en Europa. Ahora, con su aterrizaje forzoso en la realidad neoliberal, el presidente encontrará su sitio en la Historia: junto a Angela Merkel y Nicolás Sarkozy. Todo un despertar.