Tras la política

Quedan 55 domingos para las próximas elecciones municipales y autonómicas. Poco más de un año. Varias decenas de domingos llenos de mítines, discursos para la parroquia y sonrisas ante las cámaras en mangas de camisa. Domingos en los que, como cada vez que se acerca el momento de las urnas, la palabra “inmigración” saltará de nuevo a los titulares de los periódicos. En los últimos dos años, con la llegada de cayucos relegada a las sombras mediáticas, los fenómenos migratorios han preocupado a los políticos en dos ocasiones muy concretas: y en las dos se jugaban su futuro electoral.
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Cuando faltaba muy poco para las elecciones del año 2008, Mariano Rajoy lanzó su idea estrella en materia de inmigración: un contrato “de integración” para que todo el que llegase de fuera respetase y adoptase las costumbres españolas. La propuesta fue muy criticada por el Partido Socialista, reforzada por un “no cabemos todos” de Rajoy y aliñada por alguna metedura de pata cometida por un miembro de la cúpula del PP. Pasados los comicios, la inmigración desapareció del foco público hasta 2010. Y eso a pesar de que el Gobierno socialista ha impulsado una reforma de la llamada “Ley de Extranjería”, que amplía el período de posible detención para los inmigrantes sin papeles. Por cierto, con el rechazo del PP.

Les invito a leer el próximo párrafo a ritmo de vallenato. Del vallenato compuesto para el candidato Mariano Rajoy en el invierno de 2008.


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2010 comenzaba con una decisión muy polémica del alcalde de Vic, en Barcelona. Josep María Vila d’Abadal [CiU], con el apoyo de su gobierno [que incluye a PSC y ERC], decidió modificar las normas de empadronamiento para denunciar a los inmigrantes irregulares que intentasen registrarse. Tras un toque de atención por parte del Gobierno, la izquierda se ha descolgado de ese acuerdo inicial, y el alcalde convergente “sólo” denunciará a los inmigrantes que intenten empadronarse con documentos falsos. Sin embargo… hay más que Vic. En Llavaneres, la denuncia de indocumentados salió adelante sin mucha polémica; en Salt, se reforzó el cuerpo de policía tras una algarada vecinal contra la inmigración; en El Vendrell se denunciará a los inmigrantes con multas; e incluso en Torrejón de Ardoz, Madrid, se intentó otra reforma legal muy en la línea de todo lo anterior.

¿Un panorama desolador? Adéntrense en el siguiente párrafo a ritmo de merengue. Del merengue compuesto para el candidato Zapatero en el inverno de 2008.


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Quedan 55 domingos para las municipales, pero queda muchísimo menos para las elecciones catalanas, que podrían celebrarse como muy tarde el próximo otoño. Hace sólo unas semanas pudimos ver a la candidata del PP a la Generalitat, Alicia Sánchez-Camacho, repartiendo folletos en la calle junto al candidato popular a la alcaldía de Badalona. Los papeles tenían como lema: “no queremos rumanos“. 24 horas después, Sánchez-Camacho se vio obligada a rectificar sobre la forma… pero no sobre el contenido. De hecho, quien repartía los folletos con ella… ha asegurado que “no ve prioritario” pedir perdón por asociar a todos los rumanos de Badalona con la delincuencia. Lo cierto es que el PP pedirá en el parlamento catalán que se aborde a nivel autonómico la denuncia de inmigrantes que intenten empadronarse, y que todas estas noticias alegran, y mucho, a un partido abiertamente xenófobo como Plataforma per Catalunya, que concurrirá a los comicios de otoño.

No cabe duda de que el panorama informativo está y estará marcado en los próximos meses por la economía. Sin embargo, como hoy mismo recordamos en Periodismo Humano, las elecciones municipales de 2011 incorporarán un importante caudal de votantes extranjeros a nuestras urnas… y eso puede provocar que los partidos replanteen sus estrategias. El catedrático de Opinión Pública y Comunicación Política de la Universidad Rey Juan Carlos, Víctor Sampedro, cree que les será muy complicado aprovecharse de la inmigración en un contexto económico tan difícil. “Ahora, aquellos que quieran ganar tendrán que dividir su discurso”, asegura. “El PSOE va a resaltar lo que se ha avanzado en los derechos electorales, mientras que el PP tendrá un doble discurso. En aquellas zonas donde vea rentable el discurso reaccionario respecto a la presencia de extranjeros… lo subrayará; además, vinculándolo como factor que agudiza la crisis económica. En las grandes ciudades, donde ese voto migrante les puede beneficiar, establecerá su otro discurso”. Quedan 55 domingos de discursos, y de vallenato, hasta la próxima gran jornada electoral.